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HISTORIAE

Crítica de «Soldado Azul»

Indios representados en Soldado Azul

Primera parte de la crítica sobre «Soldado Azul» escrita por Jorge Álvarez, licenciado en Historia

El contexto histórico de «Soldado Azul»

En los años treinta del siglo XIX EEUU ya estaba plenamente asentado como país independiente que, conforme a su creciente potencial, empezaba una expansión territorial en múltiples direcciones a costa de otros pueblos, ya fueran indígenas o mexicanos. Extinguidos prácticamente los indios de la costa Este, los de las llamadas Cinco Tribus Civilizadas (cherokees, choctaws, creeks, chockasaw y semínolas) fueron los primeros en tener que marchar al exilio de Oklahoma por la Indian Removal Act que promulgó Andrew Kackson en 1830.

Pero en aquel interior de vastas llanuras y enormes manadas de búfalos ya habitaban otros pueblos nativos a los que también llegó el turno de chocar con la cruda realidad. En 1851 la tensión creciente entre blancos y nativos parecía terminar con la firma del acuerdo de Fort Laramie, por el que siete tribus accedían a permitir el paso del ferrocarril y el telégrafo a cambio de que se les concediera un amplio territorio situado entre los estados de Colorado, Kansas, Nebraska y Wyoming. Sin embargo, siete años después se descubrió oro en Pikes Peak y miríadas de ansiosos buscadores se desplazaron a la zona en busca de fortuna, para disgusto de sus dueños, cheyennes y arapahoes.

Indios representados en Soldado Azul
Indios representados en «Soldado Azul»

Como los indios querían evitar una guerra que sabían perdida de antemano, accedieron a firmar un nuevo tratado en Fort Wise en 1861 que les despojaba de dos tercios de aquellas mismas tierras que les habían entregado antes. Ahora bien, esta vez las cosas no iban a resultar tan fáciles porque una parte de ellos se negó a aceptar el pacto aduciendo que sólo había representantes de algunas tribus y que, además, éstos habían sido engañados o sobornados. Consecuentemente, empezaron a menudear las escaramuzas entre guerreros y soldados.

Contra lo que podría pensarse, el estallido de la Guerra de Secesión no sólo no aplazó la cuestión sino que sirvió para que el ejército nordista levantara guarniciones antes de que lo hiciera el sudista. Y si el mando civil de Colorado recayó en el gobernador John Evans, un partidario de la línea dura contra los indios, éste dejó las operaciones militares en manos de un pastor metodista amigo suyo cuya afición al mundo militar le había hecho ser expulsado del religioso. Se trataba del coronel John M. Chivington, a quien se puso al mando del Tercer Regimiento de Caballería de Colorado, formado por  voluntarios que se habían enrolado por un período de cien días y, por tanto, carentes de experiencia, de ahí que a ese cuerpo se lo apodase Bloodless Third. Toda una paradoja, como veremos.

Fotograma de la película
Fotograma de la película Soldado Azul

«Soldado azul» y el cambio de paradigma en el cine

Éste es el punto de partida de Soldado azul (Soldier blue, 1970), una película que se estrenó en un momento en el que el cine estaba dando un giro radical en su tratamiento de las guerras coloniales, cambiando el punto de vista clásico, en el que los pueblos indígenas eran los malos indiscutibles, unos salvajes e incivilizados de cuyos ataques se defendían las tropas blancas en actos de legendario heroísmo, por otro en el que pasaban a ser presentados como las víctimas de la codicia del mundo moderno, que atentaba insensible contra su modo de vida tradicional y los despojaba de sus tierras ancestrales.

Esta corriente indigenista había empezado en la gran pantalla, sorprendentemente, de la mano de John Ford, quien confesó sentirse un tanto culpable por haber matado a más indios en sus películas que el propio ejército y decidió pagar esa cuenta pendiente dirigiendo en 1964 El gran combate (Cheyenne autumn). La referencia es oportuna porque, como puede deducirse del título, cuenta uno de los episodios más tristes de la historia de los cheyennes: el éxodo que protagonizaron en 1879 hacia sus praderas de Wyoming desobedeciendo la orden de permanecer en su reserva de Oklahoma.

Póster en español de Soldado Azul
Póster en español de «Soldado Azul»

Desde ese año menudearon los filmes revisionistas en los que se invertían los papeles. En 1967, Robert Siodmak estrenaba La última aventura del general Custer, donde el célebre personaje es presentado de forma mucho más crítica que la épica que le dieron Michael Curtiz y Errol Flynn en Murieron con las botas puestas. Y en 1970 la cosa eclosionó con otros dos títulos en una línea todavía más desmitificadora. Uno fue el Pequeño Gran Hombre que dirigió Arthur Penn, en el que de nuevo los cheyennes son protagonistas: Dustin Hoffmann asume el rol de un peculiar personaje criado por ellos que, tras una vida de azarosas aventuras, vuelve a su lado cuando están acampados precisamente en Little Big Horn, acompañando a un Custer caricaturesco y medio chiflado. El otro título de aquel año fue Soldado azul.

Aunque su director, Ralph Nelson, trabajaba sobre todo en series de televisión, había dado la campanada dos años antes con Charly (que le valió el Óscar al Mejor Actor a Cliff Robertson) y rodado varios westerns menores como Duelo en Diablo o la rara La ira de Dios. Dicen las malas lenguas que el productor Joseph E. Levine quiso aprovechar la resonancia que tuvo la matanza de My Lai en la sociedad estadounidense y decidieron plasmar en celuloide otra famosa masacre de su ejército, la de Sand Creek, trocando Vietnam por las Guerras Indias. De hecho, esa escena, clave en la película, no figura en la novela de Theodore Victor (cuyo título original es Arrow in the sun).

Ralph Nelson, director de Soldado Azul
Ralph Nelson, director de «Soldado Azul»

Primera parte de la crítica sobre «Soldado Azul» escrita por Jorge Álvarez, licenciado en Historia

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       Jorge Álvarez es licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fue fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005), creador del blog “El Viajero Incidental”, y bloguero de viajes y turismo desde 2009 en “Viajeros”. Además, es editor de “La Brújula Verde”. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

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