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HISTORIAE

Entrevista a Fernando Quesada Sanz

Hoy tenemos el inmenso honor de tener en esta sección de entrevistas a uno de los investigadores, divulgadores y arqueólogos más importantes de nuestro país. Fernando Quesada Sanz, bienvenido a la web Historiae.

Gracias. Es un placer estar aquí.

Antes de nada, me parece indispensable mostrarle mi profunda admiración por su magistral trayectoria profesional, en la que ha sabido combinar fantásticamente el mundo académico y el mundo divulgativo. Actualmente es catedrático de arqueología y director del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha realizado más de quinientas publicaciones académicas y divulgativas, ha dirigido numerosos proyectos de investigación y campañas arqueológicas y ha pronunciado más de 250 conferencias en varios continentes. Además, ha dirigido diversas revistas, es patrono de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos y miembro correspondiente del Instituto Arqueológico Alemán, ha recibido múltiples premios y reconocimientos… ¿cómo se compagina toda esta actividad en el día a día?

Pues… cada vez peor, la verdad. Las reservas de energías van disminuyendo con el paso de los años y las décadas… la vida se escurre a una velocidad que asusta.

La verdad es que no puedo recomendar a nadie mi forma de enfocar la vida laboral, aunque sí -quizá- mi método de trabajo. En lo primero, temo que no soy persona eficaz: tiendo a procrastinar porque la curiosidad me lleva a meterme en nuevas aventuras. Suelo tener demasiadas cosas a la vez. Eso implica, para poder ser productivo, aceptar sacrificios:  no tener horarios, trabajar todo lo que puedo en mi encierro de casa con las herramientas adecuadas (lo que significa una biblioteca, física y digital, lo más completa posible), y separar muy bien las tareas de gestión y burocracia académica, que son las más apremiantes en plazos, de las de investigación.

Lo cierto es que a los universitarios la burocracia nos va asfixiando más cada año: se nos pide -cada vez más- que seamos a la vez profesores dedicados y amables, investigadores originales y versados en técnicas cada vez más complejas… pero también, y a la vez, se quiere desde las Comunidades y Ministerios que seamos gestores, contables, auxiliares administrativos, directores de recursos humanos, expertos en marketing y sabe Dios cuántas cosas más. Todo eso se va comiendo el resto de la vida (o la vida a secas), y resulta agotador. En buena parte por eso he decidido hace muy poco dejar la Dirección de mi Departamento Universitario, en la UAM (Universidad Autónoma de Madrid), tras más de siete años en el cargo, porque la presión administrativo-burocrática se hace aplastante y crece cada año.

Pero dicho todo eso, lo fundamental para que el trabajo sea productivo es ser sistemático y minucioso dentro de cada trabajo concreto, riguroso con el método, y no tratar de ser siempre original, brillante y rompedor. Y no buscar atajos (aquello del Lado Oscuro: ‘más rápido, más fácil, más seductor’) que al final te llevan a estrellarte, tarde o temprano.

Fernando Quesada Sanz en el Museo de Prehistoria de Valencia
Fernando Quesada Sanz en el Museo de Prehistoria de Valencia (Fuente: Noticias CV)

Creo que no me equivoco si afirmo que muchos de nuestros lectores, entre los que me incluyo, nos acercamos por primera vez a sus obras mientras estudiábamos la carrera gracias a dos títulos totalmente imprescindible como son Armas de Grecia y Roma: forjaron la historia de la Antigüedad clásica (2007) y Armas de la antigua Iberia: de Tartesos a Numancia (2010). ¿Cuáles cree usted que son los factores que explican el gran éxito de estas obras?

Creo que haber ofrecido un producto de calidad para el que había demanda potencial. En esos años no había todavía en español apenas títulos como el muy conocido de mi amigo Peter Connolly Greece and Rome at War, luego traducido al español por mis  también amigos (y algunos, discípulos) de Desperta Ferro.  Y algunas cosas que había no eran en ocasiones muy… rigurosas o actualizadas.  Y el ya amplio público bien formado y ‘leído’, aunque no necesariamente políglota, buscaba algo más.

Ambos libros pusieron a disposición del gran público el trabajo de investigación ‘de primera mano’ traducido a lenguaje divulgativo por un especialista con más de una década de experiencia en la siempre difícil divulgación en revistas como ‘La Aventura de la Historia’.

Esos libros explican de manera accesible pero muy rigurosa los resultados de investigaciones de alto nivel, personales o de otros colegas, empleando una combinación de textos compactos, formato muy atractivo, muchas y magníficas ilustraciones de todo tipo (mapas, detalles, reconstrucciones)… Además, ambos libros se pueden leer de corrido o en pequeñas dosis salteadas, porque cada unidad/capítulo es independiente. Y proporcionan toda la bibliografía y referencias necesarias para acceder a las obras  de investigación propiamente dichas, con las referencias esenciales especificadas para cada capítulo.

Creo pues que se conjugaron un formato espléndido, junto con la presentación de resultados de investigación ‘de primera mano’ que a menudo rompían viejos mitos (lo que siempre es atractivo). Y eso dotando al lector, además, de capacidad de profundizar sobre aspectos concretos de su interés. Lector que, por lo que sé, abarca desde chavales de doce años a sesudos jubilados, desde modelistas o wargamers y buenos aficionados, hasta  arqueólogos e historiadores profesionales:  parece que todos pueden encontrar elementos adecuados a su formación, capacidad e intereses.

Sin duda, Armas de la antigua Iberia: de Tartesos a Numancia (2010) es uno de los mayores referentes bibliográficos en español que pueda leer o consultar una persona interesada en el armamento y las batallas que forjaron la historia antigua de la Península Ibérica. ¿Qué tenían de especial los antiguos pueblos prerromanos para ser tan valorados y temidos por algunas de las civilizaciones más poderosas de la Antigüedad, como los romanos o los cartagineses?

En realidad, ese libro es un resumen, simplificación y a la vez actualización y ampliación (en algunos aspectos) de una monografía científica en dos volúmenes y casi mil páginas publicada en Francia con el título ‘El armamento ibérico. Estudio tipológico, geográfico, funcional, social y simbólico de las armas en la Cultura Ibérica (siglos VI-I a.C.)’ (Montagnac, 1997). Desde mi punto de vista, esa es la referencia de base. Se publicó allí porque ninguna editorial científica española se veía con capacidad de editar semejante mamotreto. Hubiera sido más fácil dividirla por comunidades autónomas, lo que la hubiera desvirtuado por completo.

En todo caso, los antiguos hispanos no fueron esencialmente enemigos más duros o temibles para Roma que los cartagineses, los galos, germanos, griegos o ilirios, por citar algunos casos. Pero sí es cierto que tienen particularidades (sobre todo la imposibilidad de derrotarlos ‘de una tacada’ por así decirlo) que llamaron la atención de los autores antiguos. Además, la primera gran expansión de Roma fuera de Italia se produjo en Hispania, y en una circunstancia gravísima para la República, como fue la ‘guerra de Aníbal’. Y ello creó un foco de atención relevante para autores enormes como Polibio o Tito Livio.

Sí es cierto que sobre los antiguos hispanos (iberos, lusitanos, celtíberos, cántabros) se ha creado una mitología peculiar, derivada de la persistencia de ciertos mitos, que este libro creo que contribuye muy significativamente a clarificar, despejar y en algún caso a refutar desde la perspectiva de la investigación más reciente u ecuánime. Esa es, creo, una de sus grandes ventajas respecto a otra bibliografía moderna de divulgación pero muy anclada en patrones tradicionales, anteriores a 1930 en muchos casos.

Como comentaba, uno de los grandes aciertos de las obras firmadas por Fernando Quesada Sanz es su acertada combinación entre las dos vertientes básicas de un historiador, la divulgadora y la investigadora. En general, ¿cómo ve usted la situación de la divulgación histórica en nuestro país?

Hace ya mucho tiempo que algunas editoriales trabajan, y mucho, en pro de la divulgación histórica. Desde la mítica Historia y Vida hasta La Aventura de la Historia pasando por Historia 16. Y lo mismo en el campo de los libros. Hay pues una larga y esforzada tradición de divulgación histórica que busca ser de calidad en España.

Pero es cierto que, hoy en día, la investigación avanza muy rápido, a menudo por canales no fácilmente accesibles o comprensibles por el gran público o por divulgadores no especialistas, a menudo periodistas todo terreno que hacen lo que pueden, pero que no siempre pueden estar al día de los múltiples avances. Y eso hace que se perpetúen visiones historiográficas claramente superadas o muy, muy matizadas, o sesgadas ideológicamente de forma algo ingenua (el sesgo siempre existe, pero esa es otra historia).

Sin embargo, desde hace una década o década y media, la explosión de Internet ha hecho accesible la investigación fuera de las bibliotecas especializadas, a través de portales abiertos como Academia.edu, o semi abiertos como JSTOR. Eso, junto a un incremento medio de la formación, hace que haya divulgadores de historia antigua (no quiero entrar en otros terrenos que me son más lejanos) no académicos que trabajan muy, pero que muy bien.  Y como el público cada vez está más formado y es más exigente, la repetición de viejos tópicos o la divulgación flojucha va perdiendo atractivo.

Un ejemplo de divulgación de muy alto nivel es Desperta Ferro. Esta editorial ha conseguido aunar una espléndida presentación formal, grandes ilustraciones y cartografía, con textos que entran de lleno en la ‘alta divulgación’ a cargo de grandes especialistas, sean profesores universitarios o no, de todo el mundo. Y eso la gente lo ha notado, de ahí el rápido crecimiento de este sello. Tengo particular debilidad por él, y no solo porque algunos de sus directores sean Doctores en Arqueología que hicieron su Tesis Doctoral conmigo (no lo oculto, antes bien me enorgullezco de ello), sino porque su selección de temas y autores, y énfasis en la presentación, es modélico.

Hay otras editoriales parecidas, además. Cada vez más.  Otro tema clave, el de las traducciones de ínfima calidad, parece que poco a poco se va corrigiendo.

Junto a las editoriales ‘en papel’, el peso de blogs y foros de todo tipo en Internet ha ido creciendo. Y si hace diez años apenas había sitios en español comparables en calidad a otros anglosajones o franceses, ahora hay lugares de gran calidad de contenido.

¿Cree usted que dentro del gremio de historiadores se menosprecia o infravalora a los que solo hacen divulgación y no están interesados en el mundo académico?

Creo que el mundo académico, y sobre todo la burocracia ministerial que dirige y financia la Universidad y los OPIS (Organismos Públicos de Investigación), hasta ahora no ha valorado lo suficiente el esfuerzo de divulgación hecho por los propios científicos (aunque cuando lo hace gente de Estados Unidos o el Reino Unido o Alemania parece que es algo espectacular, curiosamente).

Yo creo que hay cuatro patas que deben sustentar la labor de un académico: la investigación, la docencia, la gestión de equipos de trabajo (que no es lo mismo que ser un administrativo) y la divulgación. La Universidad premia las tres primeras, y tiende a ignorar la cuarta. A la hora de premiar la carrera académica, las publicaciones y conferencias y otras actividades divulgativas han tendido a ser desechadas.

Afortunadamente, poco a poco las cosas empiezan a cambiar y ya no se suele mirar por encima del hombro al investigador que dedica parte de su tiempo a divulgar… y lo hace con éxito. Más bien lo contrario. Y en los Proyectos de I+D, los ‘Planes de Difusión y Transferencia’ son ya parte relevante.

Ahora bien, un investigador que abandone la creación de conocimiento deja de serlo, y si se dedica en exclusiva a la divulgación (o a la novela ‘histórica’) puede tener un gran éxito de público… Pero a mí, personalmente, esa vía no me interesa.

Otra cosa es si se puede divulgar sin ser un investigador ‘de carrera’. Claro que es posible, y en España hay algunos ejemplos buenos, como Mario Agudo Villanueva por ejemplo, aunque no es lo habitual. Hacen falta una gran capacidad y formación, buenos contactos y tiempo para leer con reposo, antes de lanzarse a escribir. Y no tratar de divulgar sobre todo lo divino y lo humano, porque se puede caer en la banalidad, en la difusión de errores, o en el plagio (del que yo mismo he sido víctima).

Fotografía de Fernando Quesada Sanz, autor de «Armas de Grecia y Roma»
Fotografía de Fernando Quesada Sanz, autor de «Armas de Grecia y Roma»

Más allá de sus libros, usted ha reforzado su faceta divulgadora a través de cientos de conferencias pronunciadas en varios continentes y numerosos artículos en revistas tan importantes como National Geographic Historia o Desperta Ferro. En materia de divulgación histórica, ¿cree que le falta algo por hacer?

Me falta mucho, claro. Esto es una carrera sin meta a la vista. Siempre hay temas que tratar, nuevos enfoques que adoptar… Creo que buena parte del futuro está en la Red. Por ejemplo, nuestros Proyectos de I`+D siempre van acompañados de blogs (Excavación del Cerro de la Merced), difusión en tiempo real  (diarios de excavación), en redes sociales  (Facebook de la excavación del Cerro de la Merced y Facebook de Arqueología en Montemayor) o portales de difusión de alto nivel para el gran público ajenos a la Universidad  (por ejemplo, ArqueoUdima) o propios de ella (Polemos, de la UAM) o los colegas  (perfil de Academia.edu de Fernando Quesada Sanz). Lo que pasa es que todos estos contenidos online son grandes consumidores de tiempo, y a menudo es difícil mantenerlos actualizados con el dinamismo que requieren las redes, dados los modestos recursos humanos y económicos con los que trabajamos.

En el otro lado de la balanza, desde hace décadas usted ha cultivado su vertiente académica mediante su dirección de múltiples proyectos de investigación financiados por el Estado o las Comunidades Autónomas, entre otras cosas. ¿Cómo valora las aportaciones realizadas por cada uno de ellos al marco de la historia antigua?

Responder esto llevaría un volumen. Sintetizando muchísimo, las excavaciones y prospecciones que se llevan a cabo en la provincia de Córdoba en los últimos años forman una trama de Convenios específicos con diferentes ayuntamientos (Almedinilla, Cabra, Montemayor) que permiten prospecciones y excavaciones arqueológicas financiadas por ellos en su mayor parte, y aprobadas y fiscalizadas por la Junta de Andalucía. Todo ello está integrado en el marco de Proyectos trienales o cuatrienales del Plan Nacional de Excelencia del Ministerio de Ciencia e Innovación (en sus diferentes advocaciones, que van cambiando). Y todo ello, además, en colaboración con otros equipos que trabajan en otras partes de Córdoba (por ejemplo, en Torreparedones) o en Jaén (batalla de Baecula), con quienes colaboramos a muchos niveles.

El resultado es un nuevo conocimiento del proceso de conquista y asimilación de las sociedades ibéricas prerromanas en el momento de la conquista, desde finales del s. III a.C. (guerra de Aníbal) y hasta las guerras civiles romanas de mediados del s. I a.C. (César).

Se incluye en ello el estudio de vida de un oppidum ibérico en pleno desarrollo brutalmente destruido (con masacre de sus habitantes incluida) en el Cerro de la Cruz; el descubrimiento de un centro de poder regional o comarcal de imponente monumentalidad en el Cerro de la Merced (Cabra), relacionado con el oppidum de Licabrum/Igabrum; el de un carro ibérico en un contexto funerario aristocrático en el Cerro de la Horca (Montemayor); y el estudio bien documentado con las metodologías más modernos de un campo de batalla y asedio de época de Julio César en Ulia (Montemayor). Estos descubrimientos, que abarcan desde mediados del s. IV a.C. a mediados del I, están llenando un vacío global en nuestro conocimiento sobre estos procesos de conquista, resistencia y asimilación a diversos niveles en pleno centro de lo que luego sería la Provincia Baetica romana.

Todo esto es el resultado de un complejo trabajo de equipo, que me enorgullezco en dirigir. En él colaboran decenas de personas, desde Doctores en Arqueología a los peones y estudiantes que colaboran en las excavaciones, pasando por directores de museos, técnicos en arqueología, restauración, topografía, fotogrametría, geología, arqueozoología, antropología humana, conservación y restauración, química y un largo etcétera. El impacto y difusión  de estos trabajos ha sido muy grande: el diario El País, por ejemplo, le he dedicado varias páginas e incluso contracubiertas en los últimos dos años (El gran señor de la guerra enseña su palacioEl puzzle andaluz de Julio César) y National Geographic consideró (con cierto entusiasmo, todo hay que decirlo) el hallazgo del carro de Montemayor como uno de los diez más extraordinarios a nivel mundial de 2018.

En paralelo, sigo desarrollando investigaciones de carácter más individual, o en pequeños equipos de colaboración específica, sobre el armamento y la guerra en la antigüedad, incluyendo los famosos cascos hispano-calcídicos que han hecho correr ríos de tinta por su exportación ilegal a Alemania, el armamento y análisis de la Batalla de Baecula, y mil cosas más. Demasiadas, de hecho.

Actualmente, dirige las excavaciones de los yacimientos ibéricos de Cerro de la Cruz, Cerro de la Merced y de Ulia, ambos en Córdoba. Para nuestros lectores que no estén familiarizados con las misiones arqueológicas, ¿cómo es el día a día en una excavación arqueológica de estas características?

Varía según se trate de una excavación o de una prospección superficial. Pero en ambos casos hay lugares comunes: mucho madrugón, trabajo al aire libre -a la vez físico e intelectual- con temperaturas que llegan a menudo en julio a los 42 ºC a la sombra (trabajamos en fechas no lectivas en la Universidad), muchas horas de trabajo de campo y de gabinete al día (en las fases críticas, el núcleo del equipo podemos echar fácilmente once o doce horas al día durante periodos de varias semanas)… En una excavación o prospección hay largas horas de trabajo a menudo monótono, extremadamente técnico (lo de ‘picar’ es casi lo de menos) salpicado por la enorme excitación y felicidad de un hallazgo específico notable, o por ver cómo las piezas de un complejo puzzle de miles de piececitas comienzan ‘a casar’ en una explicación arqueológica e histórica coherente.

Más allá de su trabajo como historiador y arqueólogo, Fernando Quesada Sanz también es famoso por ser patrono de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos, dedicada desde hace más de medio siglo a promover los estudios sobre las fuentes grecorromanas de la civilización occidental, y Miembro Correspondiente del Instituto Arqueológico Alemán, una de las instituciones más reconocidas a nivel internacional. ¿Cómo ha sido hasta ahora su experiencia en ambas organizaciones?

Es para mí un gran honor ser miembro de ambos organismos y poder colaborar con grandes profesionales y sabios. El DAI (Deutsches Archäologisches Institut) es una institución de enorme peso histórico en Alemania, con delegaciones en muchos países y una larga tradición de casi setenta años en España, donde realiza una intensa y provechosa labor de investigación arqueológica, la mayoría de las veces en colaboración con colegas e enstituciones españolas. La biblioteca de la sede madrileña del Instituto es una de las dos o tres mejores bibliotecas especializadas de España (los muchos años de cierre de la Biblioteca del Museo Arqueológico Nacional han causado mucho daño y pasarán años y mucho dinero para conseguir que recupere su posición). La sede del Instituto es además un centro de reunión, colaboración y fructífera relación científica con arqueólogos de todo el mundo.  Es un privilegio y un honor poder formar parte del cuerpo de ‘miembros correspondientes’ que el DAI, por votación en su sede de Berlín, nombra anualmente entre arqueólogos con una especial y profunda relación con ese organismo científico. 

La Fundación Pastor es igualmente un centro de saber de gran nivel, con una intensísima actividad en su sede de la calle de Serrano de Madrid, en forma de cursos, conferencias, e incluso premios a Tesis Doctorales y Trabajos de Fin de Máster a jóvenes investigadores. Su colección de papiros es muy relevante, y en el Patronato se trabaja intensamente para, con recursos que siempre son cortos, multiplicar la actividad de apoyo a la investigación en Estudios Clásicos y, de nuevo, la divulgación de los resultados de grandes especialistas españoles y extranjeros. Formar parte de su patronato es una responsabilidad, un honor, y una constante fuente de aprendizaje de mis mucho más sabios compañeros.

Desgraciadamente, en este momento vivimos en un mundo completamente pausado por la pandemia de coronavirus. Particularmente, ¿cómo ha afectado esta situación a su trabajo como historiador y arqueólogo?

Casi todo el mundo parece asombrado por lo que ha ocurrido con el SARS-CoV-2. Pero los epidemiólogos hace mucho que nos decían que la cuestión no era ‘si’ habría una pandemia global seria, sino ‘cuándo’ llegaría y qué grado de gravedad tendría. Y los historiadores no podían menos que asentir en silencio. Otra cosa es que haya parecido que nos pillaba por sorpresa.

En términos históricos, la actual pandemia es, hasta ahora, de gravedad media o media/baja, en comparación con casos como la epidemia de época de Justiniano, la ‘Peste Negra’ de 1348 en adelante, o la mal llamada ‘gripe española’ de 1918 en adelante. Afortunadamente, los recursos científicos y sanitarios han hecho mucho, mucho más de lo que creemos, para mitigar sus efectos. Otra cosa será las consecuencias económicas a corto y medio plazo, que pueden ser demoledoras. En el corto plazo, la ‘Covid19’ ha paralizado los trabajos de campo que teníamos previstos para esta primavera-verano, ha impedido la celebración de congresos y reuniones científicas previstas para (casi) todo este año, los trabajos de laboratorio, las analíticas, las reuniones de equipo… También ha detenido las conferencias divulgativas (como el Festival Tarraco Viva), ha frenado la docencia universitaria (aunque no la ha paralizado)… No obstante, los recursos de una buena biblioteca personal y una buena conexión a Internet hacen mucho para paliar la labor de redacción de trabajos.

Hospital de emergencia instalado en el campamento militar de Funston
Hospital de emergencia instalado en el campamento militar de Funston durante la gripe española de 1918

En el futuro cercano, ¿cuáles son sus próximos proyectos profesionales? ¿Veremos publicado dentro de poco un nuevo ensayo histórico firmado por Fernando Quesada Sanz?

Volvemos, como en un círculo, a la primera pregunta. Constantemente estoy y estamos publicando artículos en revistas científicas y de divulgación. Y en este momento tengo, y tenemos, varios trabajos monográficos, en forma de libro, unos científicos y otros de mayor difusión, en distinto grado de desarrollo.  Por ejemplo, la monografía de las excavaciones en el Cerro de la Cruz de Almedinilla, la biografía de un relevante personaje de las Guerras Púnicas, o un libro sobre el armamento y la guerra en la Edad del Bronce, de Egipto a Asiria pasando por Micenas. Siempre demasiado trabajo y demasiadas cosas a la vez. Pero irán saliendo, aunque la industria editorial va a sufrir también las consecuencias de la pandemia, y todos habremos de colaborar para que las editoriales de libros de calidad, muchas de ellas pequeñas,  puedan salir adelante ante lo que nos espera.

Fernando Quesada Sanz, ha sido un maravilloso placer que hayas estado aquí con nosotros. Te deseamos que sigas teniendo en el futuro el mismo o un mayor aun éxito de público y crítica que hasta ahora. Muchísimas gracias por todo.

Muchísimas gracias a vosotros. Ha sido un placer. Hasta siempre

Resumen
Entrevista al historiador y arqueólogo Fernando Quesada Sanz
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Entrevista al historiador y arqueólogo Fernando Quesada Sanz
Descripción
Entrevista a Fernando Quesada Sanz, famoso historiador, arqueólogo, profesor universitario, académico y divulgador histórico
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