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HISTORIAE

La medicina hipocrática en Grecia

Artículo sobre la medicina hipocrática escrito por Alberto Escudero Morales, graduado en Historia.

Antecedentes a la medicina hipocrática

En los siglos VI y V a.C., Grecia había expandido ya buena parte de sus rutas comerciales y colonias por cada rincón del Mediterráneo, llegando a entrar en contacto con diversas y numerosas civilizaciones. En este contexto, y gracias al comercio, el intercambio de ideas con otras culturas y un renacido clima de relativa libertad y prosperidad, se produjo la eclosión de una nueva corriente de pensamiento que pretendía descubrir los secretos del cosmos y el hombre alejándose de las principales tradiciones religiosas.

Los presocráticos, filósofos responsables de estas nuevas ideas y replanteamientos, fueron pioneros en muchos postulados de corte filosófico y empírico. Pero hubo uno en concreto que sirvió de precedente inmediato para la nueva medicina hipocrática, que lo amoldó a sus intereses fisiológicos: la creencia de que el cuerpo humano era un microcosmos que reproducía a escala antropológica la naturaleza del universo. Sin duda, esta idea caló en los médicos y sanadores de los siglos VI y V a.C. en profundidad, dando pie a la teorización de estos aspectos en relación al cuerpo humano y su physis (naturaleza).

Mapa de las principales regiones de la península de Anatolia en el que se señala la ubicación de Jonia. De allí procedían los primeros filósofos y presocráticos
Mapa de las principales regiones de la península de Anatolia en el que se señala la ubicación de Jonia. De allí procedían los primeros filósofos y presocráticos (Fuente: Wikimedia Commons)

Paradójicamente, uno de los primeros «padres» de la medicina racional no fue Hipócrates, sino que dicho honor le perteneció a Alcmeón de Crotona. Este fue un médico y filósofo pitagórico de la Magna Grecia (sur de Italia) que sentó las bases técnicas y empíricas de la medicina hipocrática. No obstante, hoy recordamos a Hipócrates debido a la magnitud de su obra, a la influencia de sus seguidores y a la implementación de un carácter marcadamente profesional, vocacional y separado de ámbitos como la filosofía o la teúrgia (medicina mágica).

Hipócrates y el mito fundacional de la medicina hipocrática

De la vida de Hipócrates poco se conoce. Se sabe con certeza, gracias a biografías posteriores, que pudo haber nacido en la isla de Cos aproximadamente en el año 460 a.C. En este remoto peñasco del mar Egeo es donde probablemente recibiera su primera formación como médico, motivada, entre otras inquietudes, por la ascendencia de sacerdotes del dios sanador Asclepio (divinidad sanadora) existente en su familia.

Mapa del mundo griego en el que se señala en rojo Cos, la isla donde nació Hipócrates, uno de los fundadores de la medicina hipocrática
Mapa del mundo griego en el que se señala en rojo Cos, la isla donde nació Hipócrates (Fuente: Wikimedia Commons)

Además de su actividad sanadora, al médico de Cos se le atribuye la autoría de 50 tratados de más de 1000 páginas donde se recogían los fundamentos principales de la medicina, permitiendo que ese conocimiento nos llegue hoy. Unos escritos que, a pesar de la influencia clara del primero de los médicos racionales de Cos, desvelan estilos de escritura muy dispares y hasta teorías contradictorias y cambiantes, lo que vendría a demostrar la «mitificación» de la figura de Hipócrates, quien no escribió en absoluto todos los tratados.

La medicina hipocrática: el método

Todos estos tratados, conocidos como Corpus Hippocraticum, pueden dividirse a su vez en diversas tipologías médicas y biológicas: tratados anatómicos, tratados teóricos, sobre diversas enfermedades, acerca de la terapéutica, referentes a la ginecología, deontológicos… Asimismo, estos descansaban sobre una idea principal que entendía el papel del médico como el de alguien cuya obligación ética y racional era la de ayudar al cuerpo a recomponerse.

Para llevar esto a cabo, el médico hacía uso de lo que hoy llamamos método hipocrático. Se trata de una cierta «forma de proceder» o «actitud racional» libre de interpretaciones mágicas, sobrenaturales o divinas que se caracterizaba por la observación directa y el estudio del paciente —y no de la enfermedad— para ayudar a las fuerzas naturales del cuerpo humano a reestablecer el equilibrio.

Grabado de Hipócrates de Cos, uno de los fundadores de la medicina hipocrática
Grabado de Hipócrates de Cos (Fuente: Wikimedia Commons)

Al respecto existía una teoría propuesta por Alcmeón de Crotona que explicaba este equilibrio argumentando que existían dos sustancias primordiales en el cuerpo. En cambio, la doctrina hipocrática propuso la teoría de los cuatro humores, según la cual el cuerpo estaba formado por cuatro tipos de sustancias líquidas que recogían cuatro estados de la materia: sangre, caliente y húmeda como el aire; bilis negra, fría y seca como la tierra; flema, fría y húmeda como el agua; y bilis amarilla, seca y caliente como el fuego. Cada una de estas sustancias se originaría en diferentes partes del cuerpo, guardando gran relación con factores externos como las estaciones del año (clima) e incluso con los temperamentos y estados de ánimo.

Otras enseñanzas recogidas en los tratados hipocráticos son aquellas que hacen especial alusión al trato del enfermo y a la enfermedad. El diagnóstico, como piedra elemental de la praxis hipocrática, era posible gracias a la importancia que se le otorgaba al historial del paciente y a la observación de los síntomas que la dolencia presentase a través de la physis humana.

Esquema de la teoría de los cuatro humores y sus respectivas cualidades, ejemplo de medicina hipocrática
Esquema de la teoría de los cuatro humores y sus respectivas cualidades (Fuente: Wikimedia Commons)

Un ejemplo de ello es el meticuloso análisis de los rostros —afilados y hundidos si la muerte estaba cercana (lo que hoy se conoce como fascies hipocrática)—, la especulación en torno a causas de tipo climáticas y digestivas, o las semejanzas que el buen médico debía distinguir entre enfermos del mismo mal. A partir de estas observaciones podía valorarse el estado avanzado o reducido de la enfermedad y elaborarse un pronóstico. Este, como predicción que recuerda a los antiguos oráculos y sacerdotes de Asclepio, era otra de las bases sobre la que se sustentaba la medicina hipocrática, ya que los enfermos basaban su confianza en el médico en función de los aciertos de dichos pronósticos.

La enfermedad ¿sagrada?

Todo este conocimiento y método permitía al médico hipocrático percibir la enfermedad desde un ángulo que, tal y como hicieron los presocráticos, se alejaba de las creencias supersticiosas y propias de sacerdotes y charlatanes. En el tratado hipocrático Sobre la enfermedad sagrada, el autor aseguraba literalmente que «no es en modo alguno más divina ni más sagrada que las demás enfermedades, sino que tiene una causa natural«. Se entendía así que la enfermedad estaba unida al paciente y su naturaleza en el cuerpo se debía a factores desequilibrantes, no divinos.

Grabado que representa los cuatro humores, ejemplo de la medicina hipocrática
Grabado a color que representa la teoría de los cuatro humores (Fuente: Universidad de Granada)

En relación a ello, se llegó a realizar una auténtica ecología de la enfermedad, como la que inspiró el tratado Sobre los aires, aguas y lugares. En él, es el clima, los alimentos y los traumas físicos los que constituyeron los factores principales en el advenimiento de una enfermedad. De hecho, es curioso cómo el contagio no se aceptaba como desencadenante, y eso a pesar de las devastadoras consecuencias de la peste de Atenas del siglo V a.C.

Pero si existía algo revelador y propio del hacer médico era la Terapeútica, mediante la cual se ayudaba al cuerpo a reestablecer su equilibrio de forma natural. Para favorecer este proceso de reequilibrio se recomendaban dietas, prescripción clave para aumentar o disminuir la presencia de una sustancia u otra y observar los cambios que una determinada alimentación pudiesen provocar (el agua o el aire eran considerados «alimentos», por lo que las patologías ahí presentes eran entendidas como alimentarias).

También se tomaban fármacos psicoactivos y psicotrópicos (phármakon) para modificar de forma abrupta el estado del cuerpo, y se practicaban cirugías, menos utilizadas y prestigiosas debido a su naturaleza manual pero muy desarrollada a través de técnicas e instrumental específicamente dedicado a tal fin (bisturí). A su vez, también se hacía uso de lo que hoy se conoce como psicoterapia verbal, que constituía simplemente en la dedicación por parte del médico de procurarle al paciente cierto bienestar durante las intervenciones.

Moldes de arcilla que representan los cuatro temperamentos que los cuatro humores provocaban en el temperamento de las personas según la medicina hipocrática
Moldes de arcilla que representan los cuatro temperamentos que los cuatro humores provocaban en el temperamento de las personas (Fuente: Wikimedia Commons)

Ética en la medicina hipocrática

Es evidente que estas interpretaciones racionales tuvieron en el haber médico —y lo siguen teniendo aún— una importante visión humana y vocacional. Al fin y al cabo, el médico era alguien que curaba y salvaba y, por lo tanto, alguien cuyo amor por el ser humano no solo debía caracterizarle sino ser su máxima expresión y motivo de trabajo.

De estas ideas fundamentales se compiló lo que se conoce como juramento hipocrático, es decir, un texto que precede los comportamientos éticos de los médicos en relación al paciente. Las ideas del juramento han llegado incluso hasta nuestros días, aplicándose algún que otro cambio en sus preceptos.

Conclusiones

A pesar de las evidencias, el debate en torno a la idea de ciencia en la medicina hipocrática sigue abierto aún hoy en día entre los historiadores. Podría decirse, aunando las principales teorías, que nunca hubo una secularización laica del saber, ni tampoco de la medicina. Por el contrario, lo que se produjo fue un rechazo de la explicación del mundo a través de las viejas tradiciones encarnadas en dioses concretos, y se propuso una clase de «nueva divinidad» materializada en la physis y la naturaleza. Por lo que, en conclusión, cuando hablamos de medicina hipocrática lo hacemos de una «nueva forma» de indagar en los misterios de la physis humana, no por ello alejada del sentir religioso común en todos los hombres y mujeres de la Antigua Grecia.

Tabla que muestra la comparación entre el juramento de la medicina hipocrática en la antigua Grecia y en la actualidad
Tabla que muestra la comparación entre el juramento hipocrático en la antigua Grecia y en la actualidad (Fuente: Scielo)

Artículo escrito por Alberto Escudero Morales, graduado en Historia.

Bibliografía

ALBY, J.C.: «La concepción antropológica de la médica hipocrática», en Revista Enfoques, vol. 16, nº 1, 2004, pp. 5-29.

ALFAGEME, J.: «La ciencia griega», en Revista Análisis, vol. 22, nº 81, 1978, pp. 157-163.

LAÍN, E. (1979): La medicina Hipocrática. Madrid: Ediciones de la revista de Occidente.

LARA, D.: «Praxis y reflexión del médico antiguo», en Revista Estudios Clásicos, vol. 129, 2006, pp. 11-34.


       Alberto Escudero Morales es graduado en Historia por la Universitat Rovira I Virgili de Tarragona. Actualmente estudia el máster habilitante de educación secundaria por la universidad europea de Madrid y el máster de Mediterráneo antiguo por la Universitat oberta de Catalunya. Entre sus aficiones podemos destacar el deporte, la literatura y la escritura de ciencia ficción y fantasía.

Resumen
La medicina hipocrática: la revolución médica de Hipócrates de Cos
Nombre del artículo
La medicina hipocrática: la revolución médica de Hipócrates de Cos
Descripción
¿Qué características tuvo la medicina hipocrática en la antigua Grecia? ¿de verdad fue tan importante el trabajo de Hipócrates de Cos?
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