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HISTORIAE

Los perros de guerra en la antigua Roma

Detalle de un mosaico siciliano en el que se distinguen a dos perros cazando a lo que parece ser un zorro
Artículo escrito por Alberto Escudero Morales, graduado en Historia

Introducción

Se puede decir que, con toda seguridad, durante la antigüedad el perro era un animal por lo menos tan conocido y hasta más común de lo que lo es en la actualidad, aunque de una forma un poco distinta. Hoy lo consideramos miembro de nuestra familia y hasta tendemos a humanizarlo. Sin embargo, hubo un tiempo en el que las habilidades de estos animales fueron explotadas persiguiendo fines estrictamente prácticos. De hecho, podría decirse que se llegaba a depender de ellas, pues el perro podía, entre otras cosas, facilitar mucho gran cantidad de labores. Pero uno de los terrenos en los que más destacó, debido principalmente a su fiereza y sentido de la jerarquía, fue en la guerra. Como poderosas armas de la naturaleza al servicio del hombre, los perros en la antigua Roma acompañaron a soldados a lo largo de toda su historia, supliendo el papel de lo que entendemos como soldado auxiliar.

La loba Capitolina, símbolo de la unidad y fraternidad romanas Fuente Wikimedia Commons
La loba Capitolina, símbolo de la unidad y fraternidad romanas (Fuente: Wikimedia Commons)

El perro en la antigua Roma

El perro en la antigua Roma —una civilización que destacó por absorber con precisión y originalidad saberes y avances que se percibían como exitosos— sobresalió como soldado formidable, barato, obediente y, además, bastante eficiente.

En términos culturales, este detentaba una serie de valores y virtudes similares a los recogidos por la idiosincrasia romana: la fidelitas (fidelidad), la obediencia ciega y la aceptación más estoica eran criterio del buen ciudadano. El perro en la antigua Roma, un animal distinguido por el apego hacia su amo y el cumplimiento más recto de sus deberes, era depositario de estas mismas virtudes, lo que le concedió una posición privilegiada en el imaginario latino.

Varias personalidades de renombre como Marco Tulio Cicerón (s. I a.C.) o Plinio el Viejo (s. I d.C.) evidencian el interés y la cercanía con estos animales. El primero de ellos describe sus habilidades, su personalidad sagaz y el desarrollado olfato que les permite rastrear a un objetivo. Plinio, en cambio, nos habla extensamente de una de sus virtudes más reconocibles: la fidelidad canina, capaz de sobrevivir bajo las condiciones más extremas.

Copia romana del siglo II a.C en la que se observa a lo que ha sido reconocido como un perro moloso de la antigua Roma
Copia romana del siglo II a.C en la que se observa a lo que ha sido reconocido como un perro moloso (Fuente: Academia edu)

Además, el perro en la antigua Roma tuvo además un rol sagrado en las creencias escatológicas de la religión latina. Su destacada posición de proximidad con el ser humano en comparación con otros animales y su actitud protectora y fiel lo convirtieron no solo en un guardián ante peligros inminentes, sino en un espíritu protector.

Los perros acompañaban y protegías a las almas en el tránsito a la otra vida, y se guardaban de la intromisión de espíritus no deseados. Este era un papel que era convenientemente recordado y celebrado en diversas festividades, como era el caso de las Lupercales, en las que el can ocupaba un lugar central.

Aun así, esta no era una visión totalmente homogénea en la sociedad. Muy comúnmente, el perro era asociado al libertinaje, a la falta de vergüenza y, por ende, a la falta de decoro. Del mismo modo, el perro también podía ser visto como un ser que vivía en civilización, pero que no participaba de sus normas, leyes y moral y, por lo tanto, no dejaba de ser de naturaleza salvaje.

Famoso mosaico pompeyano que decora la entrada de una domus y reza ccuidado con el perro
Famoso mosaico pompeyano que decora la entrada de una domus y reza: «cuidado con el perro» (Fuente: Wikimedia Commons)

Otras funciones de los perros romanos

En un terreno más práctico, las funciones que el animal podía realizar en beneficio de las personas son bastante parecidas, sino idénticas, a las labores que los perros puedan llevar a cabo en un ámbito más profesional hoy en día. Se sabe que estos montaban guardia en las entradas de los templos, donde posiblemente eran alimentados.

También se conoce la existencia de perros de guardia en granjas y demás infraestructuras agrícolas, en las que el animal siempre ha destacado. Asimismo, se tiene constancia también de su presencia en el ejército, donde posiblemente ayudase a guarecer campamentos. Pero la guardia y protección no fueron, ni de lejos, los únicos acometidos que tuvieron estos animales. En este sentido, su rol en el ejército nos puede ofrecer una visión más amplia de las habilidades naturales del animal que fueron aprovechadas en beneficio de, en este caso, las legiones de Roma.

Los perros de guerra en la antigua Roma

Es evidente que la habilidad que más sobresalió en estos era su siempre despierto sentido de la guardia. Y no es para menos. El perro es un animal que está preparado para captar fenómenos que, en cuyo caso, los humanos no podríamos percibir. Por ello, y más cuando la noche caía, la labor del perro como guardián llegaba a ser crucial, garantizándole al campamento o regimiento una protección segura y aventajada.

Mosaico en la entrada de una villa pompeyana que advierte de la presencia de perros guardianes en la antigua Roma
Mosaico en la entrada de una villa pompeyana que advierte de la presencia de un perro guardián (Fuente: Academia Play)

Logísticamente hablando, estos animales apenas debían acarrear complicación alguna, ya que, usualmente, podían alimentarse de aquello que cazaban. Podríamos decir que eran soldados que tan solo requerían de lo más básico para realizar su trabajo: pastas de harina, restos y huesos, así como todo tipo de alimento aprovechable con el que pudiesen toparse; además de la atención necesaria para su adiestramiento.

Al ser animales talentosos que, a efectos económicos, no comportaban grandes gastos, los perros en la antigua Roma participaron en todas aquellas labores militares en las que mínimamente su papel pudiese tener alguna relevancia. No era extraño que, en el día a día, el perro acompañase a los soldados con los que convivía en distintas actividades y trabajos.

El patrullaje era el más común de esos trabajos, así como la guardia, pero estos también podían cazar, rastrear e incluso ayudar a las tropas en sus maniobras. Sin técnicas avanzadas y sin equipamiento moderno, se llegaba a depender de sus habilidades sensoriales aumentadas para captar en la oscuridad lo que un ojo humano no identificaba; u olisquear a varios kilómetros la presencia o el paso del enemigo.

Estatuilla romana de bronce que representa a un perro relacionada, según expertos, con algún tipo de rito curativo
Estatuilla romana de bronce que representa a un perro relacionada, según expertos, con algún tipo de rito curativo (Fuente: Historia National Geographic)

Cuando no ejercían como “oído y olfato” de la legión, los perros también podían desempeñarse como mensajeros bastante peculiares. De acuerdo con varias fuentes, en situaciones extremas o en las que simplemente fuese lo más eficiente, se hacía injerir a los perros un cilindro de cobre en el que se contenía resguardado el mensaje a enviar. Una vez este llegaba a su destino, el portador, debido a la urgencia, era sacrificado para posteriormente extraerle el mensaje.

Perros en las legiones de la antigua Roma

A partir de las directrices de sus amaestradores y responsables, los perros en la antigua Roma también podían ser una formidable fuerza de choque en el campo de batalla. De todos modos, no es ninguna novedad el empleo de animales de todo tipo —desde abejas hasta cerdos en llamas— para enfrentar al enemigo.

Plinio, quien consideraba tropas auxiliares a los perros de guerra, habló en varias ocasiones de su ferocidad durante el combate. Concretamente, de ellos dirá que constituyen auténticos guardianes inseparables, que no dudan en proteger aquello que consideran próximo. En su obra mas influyente, Historia Natural, Plinio no escatima en ejemplos de supuestos casos en los que los perros habrían salvado las vidas de sus respectivos dueños de ladrones o asesinos.

Estatua de Plinio el Viejo, que habló sobre los perros en la antigua Roma, en la catedral italiana de Como
Estatua de Plinio el Viejo en la catedral italiana de Como (Fuente: Wikimedia Commons)

En el combate abierto podían llegar a ser terribles para aquellos que los enfrentaban. Ataviados con protecciones que iban desde las cotas de cuero hasta los collares de púas y las placas de metal, el perro podía producir el caos en las filas enemigas y moverse por lugares a los que el soldado común no podía acceder.

Un evento de tales características sucedió en Cerdeña, alrededor del año 231 a.C, cuando Marco Pomponio Matón, general y cónsul romano, utilizó a perros traídos de Italia para, literalmente, “cazar” a los sardes que se ocultaban por la isla entre riscos y cuevas.

¿Qué perros usaban los romanos?

En el mundo de los perros en la antigua Roma usados para la guerra, la raza más empleada era la del perro moloso o canes pugnaces (perro de combate). Era una variedad de poderosa musculatura y de una envergadura considerable que fue utilizada tanto en los espectáculos que llenaban los circos como en el campo de batalla.

También eran guardianes excelentes, capaces de aguantar durante largos periodos de tiempo con los sentidos a pleno rendimiento. Se especula que el propio Julio César aprovisionó a sus legiones con varias de estas “tropas auxiliares” para la guerra de las Galias y su desembarco en Britania. Aparte, se tienen sólidas pruebas de su dispersión y crianza en distintos lugares del imperio.

Detalle de un mosaico siciliano en el que se distinguen a dos perros cazando a lo que parece ser un zorro en la antigua Roma
Detalle de un mosaico siciliano en el que se distinguen a dos perros cazando a lo que parece ser un zorro Fuente: Villa romana de Carranque

El sabotaje tras las líneas enemigas también fue una labor cubierta por estos soldados tan especiales. Para ello, se les adosaba a los animales recipientes con fuego que estaban destinados a incendiar los campamentos enemigos y causar así el caos. Muchas otras veces, eran cubiertos con placas que contenían poderosas púas que apuntaban hacia el exterior, las cuales podían causar terribles heridas hasta en la caballería enemiga.

Artículo escrito por Alberto Escudero Morales, graduado en Historia

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       Alberto Escudero Morales es graduado en Historia por la Universitat Rovira I Virgili de Tarragona. Actualmente estudia el máster habilitante de educación secundaria por la universidad europea de Madrid y el máster de Mediterráneo antiguo por la Universitat oberta de Catalunya. Entre sus aficiones podemos destacar el deporte, la literatura y la escritura de ciencia ficción y fantasía.

Resumen
Los perros de guerra en la antigua Roma: un arma eficaz y leal
Nombre del artículo
Los perros de guerra en la antigua Roma: un arma eficaz y leal
Descripción
Los perros en la antigua Roma cumplieron muchas funciones, y una de ellas fue servir como auxiliares en las legiones romanas para combatir
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