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HISTORIAE

El gobierno de Lucio Cornelio Cinna

Introducción

En el año 88 a.C., saltándose cualquier tipo de legalidad, el cónsul Lucio Cornelio Sila marchó sobre Roma con su ejército como medida de presión para recuperar el mando militar de la guerra contra el rey Mitrídates VI del Ponto. No obstante, el nuevo régimen creado en Roma comenzó a disolverse rápidamente tras su partida hacia Oriente. Poco después de tomar el mando de sus nuevas tropas, su colega consular Pompeyo Rufo murió asesinado en un motín. Al mismo tiempo, un tribuno de la plebe acusó a Sila de alta traición contra el Estado romano antes de que partiera de Italia en calidad de procónsul. En este contexto, uno de los nuevos cónsules para el 87 a.C., Lucio Cornelio Cinna, inició una serie de acciones que harían que la balanza de la guerra civil romana se inclinara a favor del bando de Cayo Mario.

Ilustración que representa a Lucio Cornelio Sila entrando en Roma en el 82 a.C., años después del gobierno de Lucio Cornelio Cinna
Ilustración que representa a Lucio Cornelio Sila entrando en Roma en el 82 a.C. (Fuente: Arrecaballo)

La guerra entre Lucio Cornelio Cinna y Cneo Octavio

Cuando Sila fue acusado de alta traición, el cónsul Lucio Cornelio Cinna ya no se sintió obligado a cumplir el juramento de lealtad que le había hecho y volvió a colocar la cuestión de los itálicos en el centro del debate político. A la ya conocida propuesta de repartir a los nuevos ciudadanos entre todas las tribus añadió una disposición para permitir el regreso a Roma de todos los exiliados por Sila. Entre ellos se encontraba Cayo Mario, que desde su escondite en África se había reunido con su hijo, Mario el joven, para tramar planes de conquista de Roma.

Como sucedió con el tribuno Sulpicio Rufo, los itálicos apoyaron masivamente la medida de Cinna, mientras que la mayoría de senadores, con el cónsul Cneo Octavio a la cabeza, la rechazaron contundentemente. Como era de esperar, estalló una batalla en pleno Foro entre los partidarios de ambos bandos, causando numerosas muertes. Al final, Cinna tuvo que huir de Roma y fue desposeído no solo de su magistratura, sino también de sus derechos de ciudadanía.

Sin aceptar su momentánea derrota, Cinna marchó a la Campania para ganarse el apoyo de unas tropas que Sila había dejado allí al marchar hacia Oriente. De ellas consiguió su reconocimiento como cónsul legítimo (en contra del nuevo cónsul electo en Roma tras su marcha, Lucio Cornelio Merula), a lo que hay que sumar el respaldo militar y financiero de las poblaciones itálicos. Con unos y otros aglutinó un importante ejército con el marchó para invadir Roma siguiendo la misma vía que meses atrás había recorrido Sila.

Cayo Mario, el gran aliado de Lucio Cornelio Cinna,  por John Vanderlyn, cuadro hecho a principios del siglo XIX
Cayo Mario por John Vanderlyn, cuadro hecho a principios del siglo XIX (Fuente: Wikimedia Commons)

La conquista del poder de Lucio Cornelio Cinna

Mientras esto sucedía en Italia, en África Cayo Mario no esperó a que fuera aprobada la ley que autorizaba su amnistía y cruzó el mar con unos 1000 hombres, entre jinetes y soldados veteranos. Al desembarcar en Etruria —al norte de Roma— se dedicó a reclutar más hombres presumiendo de sus antiguas victorias militares e insistiendo en que favorecería los derechos de los itálicos. Ya ante las murallas de Roma unió sus tropas a las de Cinna y juntos sitiaron la ciudad.

Cneo Octavio, por su parte, solo contaba con el apoyo de las tropas de Pompeyo Estrabón, el ex cónsul que había dirigido las fuerzas romanas en el frente norte durante la Guerra de los Aliados. Acampado fuera de Roma, no obstante, el general se negó a que su ejército entrara hasta que consiguió ser elegido para su segundo consulado. Sin embargo, la alegría le duraría poco, porque tanto él como muchos soldados de su batallón murieron a causa de una epidemia propagada por la ciudad.

Esto, unido a la cada vez mayor escasez de alimentos dentro de Roma, hizo que el Senado acabara rindiéndose y aprobara la amnistía de los exiliados. Así, a finales del año 87 a.C., Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna entraron de nuevo en la ciudad, convirtiéndose éste último de nuevo en cónsul en lugar de Cornelio Merula. Al principio, el terror invadió las calles, puesto que los seguidores de Mario encontraron a Cneo Octavio, lo decapitaron y exhibieron su cabeza en el centro del Foro romano. Aparte, las leyes de Sila fueron derogadas, se declaró al propio Sila enemigo público de Roma, se incendió su casa y se confiscaron sus bienes.

Moneda de plata acuñada por los aliados itálicos en la guerra de los aliados que apoyaron después a Lucio Cornelio Cinna
Moneda de plata acuñada por los aliados itálicos en la guerra de los aliados en la que se observa al toro corneando a la loba (Fuente: Mary Beard, SPQR, 2015)

El tiempo de Lucio Cornelio Cinna

Al año siguiente (86 a.C.), Lucio Cornelio Cinna y Cayo Mario fueron elegidos cónsules. Sin embargo, antes de que se cumpliera un mes de su elección, éste último fallecía en su cama con setenta años. La muerte del que había sido proclamado tercer fundador de Roma fue recibida con alegría por los ciudadanos, que pensaban que sería el fin de la violencia. Nada más lejos de la realidad, ya que lo cierto es que aun quedaban muchos años de conflicto civil…

A partir de aquí comienza un periodo de tres años (86 – 84 a.C.) en el que Cinna, dueño y señor de Roma, ejerce el consulado ininterrumpidamente e instaura una serie de reformas para tratar de restaurar el orden y la tranquilidad. Entre ellas destaca, por ejemplo, la promovida por el sustituto de Mario en el consulado, Lucio Valerio Flaco, que cancelaba las tres cuartas partes de todas las deudas económicas pendientes de los ciudadanos.

Este mismo cónsul fue enviado a Oriente para sustituir al defenestrado Sila al mando de la primera guerra mitridática. A pesar de ello, nunca llegaron a reunirse, pues Valerio Flaco fue asesinado por su propio cuestor en el 85 a.C., Fimbria, quien asumió el mando del ejército consular. Mientras todo eso ocurría, el conflicto con Mitrídates acabó bien para Sila, lo que facilitó su camino para retornar cubierto de gloria a Roma.

Busto romano atribuido a Lucio Cornelio Sila, enemigo de Lucio Cornelio Cinna
Busto romano atribuido a Lucio Cornelio Sila (Fuente: Wikimedia Commons)

La muerte de Lucio Cornelio Cinna

Esta inesperada evolución de los acontecimientos obligó a Lucio Cornelio Cinna y su nuevo colega consular para el 85 y el 84 a.C., Cneo Papirio Carbón, a comenzar los preparativos militares para una nueva guerra. Paralelamente, Sila inició una inteligente campaña propagandística para conseguir que el Senado se pusiera de su parte otra vez. Pronto se hicieron sentir sus efectos: el Senado envió una embajada a Oriente para negociar con Sila y prohibió a los cónsules seguir con sus preparativos de guerra en Roma.

Cinna y Carbón ignoraron la orden senatorial y pretendieron trasladar las tropas reclutadas al otro lado del mar Adriático. Esta decisión no fue bien acogida por la mitad del ejército, que se amotinó contra sus líderes. En consecuencia, Lucio Cornelio Cinna fue asesinado por sus propios hombres y Sila se embarcó de inmediato a Italia con sus 40.000 hombres. Cuando el veterano general desembarcó en la península en la primera del año 83 a.C., la primera guerra civil romana siguió su curso.

Bibliografía

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OSGOOD, J. (2019): Roma. La creación del Estado mundo. Madrid: Desperta Ferro.

PINA POLO, F. (1999): La crisis de la República (133 – 44 a.C.). Madrid: Síntesis.

RODRÍGUEZ NEILA, J.F. (1990): Los Gracos y el comienzo de las guerras civiles. Madrid: Akal.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. (2007): Historia de Roma I. La República Romana. Barcelona: Ediciones Cátedra.

Resumen
Lucio Cornelio Cinna: paz y terror en la guerra civil romana
Nombre del artículo
Lucio Cornelio Cinna: paz y terror en la guerra civil romana
Descripción
¿Quién fue Lucio Cornelio Cinna? ¿Por qué se convirtió en uno de los políticos más poderosos de las décadas finales de la República?
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