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HISTORIAE

La batalla de Carras (53 a.C.)

Introducción

La batalla de Carras (53 a.C.) fue un choque militar entre el ejército romano comandado por Marco Licinio Craso —uno de los miembros del Primer Triunvirato romano— y las tropas del Imperio Parto lideradas por los generales Surena y Silaces en el sureste de la actual Turquía. Una acumulación de fallos estratégicos y tácticos provocó que la batalla de Carrhae, como también se la conoce, acabara con la vida de decenas de miles de romanos, pasando a la historia como una de las mayores derrotas de toda la historia de Roma.

De hecho, el fracaso fue de tal tamaño que inmortalizó la expresión craso error (ya utilizada anteriormente como sinónimo de error garrafal, muy grave) que todavía usamos hoy en día Por todo ello, en este artículo vamos a ver un breve resumen de la batalla de Carras para comprender sus antecedentes, su desarrollo y sus consecuencias para la República Romana Tardía.

Busto de Marco Licinio Craso, muerto en la batalla de Carras
Busto de Marco Licinio Craso expuesto en el Museo del Louvre, en París (Fuente: National Geographic)

La batalla de Carras: el Imperio Parto

Tras la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.), la mayor parte del antiguo Imperio Persa aqueménida terminó en manos de uno de sus generales o diádocos, Seleuco. En estos orígenes, el Imperio Seléucida era el mayor de los reinos helenísticos pero no contaba con ninguna cohesión interna. Hacia el 238 a.C., la dinastía irania de los partos arsácidas conquistó la provincia seléucida de Partia, al este del Mar Caspio. A partir de ahí, los partos fueron extendiéndose hasta que un siglo después ya gobernaban un imperio que incluía la mayor parte de Mesopotamia e Irán.

El ejército parto se basaba en dos tipos de caballería: los arqueros a caballo y los catafractos. Los primeros, armados con arcos compuestos y equipamiento ligero, realizaban escaramuzas en apoyo de los segundos y rompían las formaciones del enemigo. Por su parte, los catafractos eran un tipo de caballería pesada armados con lanza, arco, maza y espada y protegidos por una coraza que protegía tanto al jinete como al caballo. Sorprendentemente, la arqueología aún no ha hecho grandes hallazgos en este campo, pues las representaciones de estos caballeros y las piezas conservadas de sus armaduras son bastante escasas.

Ilustración de Alexander Averyanov que representa a catafractos del Imperio Parto como los de la batalla de carras
Ilustración de Alexander Averyanov que representa a catafractos del Imperio Parto (Fuente: Arrecaballo)

Antecedentes a la batalla de Carras: Craso

Tras ejercer su segundo consulado junto a Pompeyo Magno en el 55 a.C., Marco Licinio Craso recibió el gobierno proconsular de la provincia de Siria por un periodo de cinco años. Hacia allí partió incluso antes de concluir su año como cónsul, en noviembre del 55 a.C. Su intención prioritaria era iniciar una guerra contra los partos, cuya frontera con Roma había sido fijada en el río Eúfrates al final de la Tercera Guerra Mitridática (73 – 63 a.C.).

Con este conflicto, Craso perseguía dos objetivos: alcanzar la gloria militar de sus compañeros triunviros y hacerse con un sustancioso botín de guerra. En esos años, Julio César se había convertido en uno de los romanos más poderosos y ricos del mundo gracias a sus hazañas en la Guerra de las Galias, mientras que Pompeyo lo era desde hacía tiempo por su participación en diversas guerras y rebeliones en los años 70 y 60 a.C. Por tanto, Craso buscaba un gran triunfo militar que le equipara en popularidad y prestigio a sus aliados. Por otro lado, se pensaba que Mesopotamia era una tierra extraordinariamente rica en recursos, por lo que las posibilidades de hacer una gran fortuna eran grandes.

Plato del s. V en el que se representa a un jinete parto disparando con su arco
Plato del s. V en el que se representa a un jinete parto disparando con su arco (Fuente: National Geographic Historia)

Los ejércitos en la batalla de Carras

Después de una serie de operaciones menores en el 54 a.C., la auténtica guerra contra los partos empezó en la primavera del 53 a.C. cuando Marco Licinio Craso cruzó el río Éufrates sin una declaración oficial de guerra. Lo hacía al frente de un ejército compuesto de siete legiones (unos 28-38.000 soldados), 4000 jinetes, 4000 infantes ligeros y una cantidad indeterminada de tropas auxiliares.

Por su parte, en la batalla de Carras el ejército parto del rey Orodes II contaba al menos con 9000-10.000 arqueros a caballo y unos 1000 catafractos. A pesar de esta evidente inferioridad numérica, la acción combinada de las dos clases de caballería, sumada a las desastrosas acciones de los romanos, resultó decisiva para la victoria de los iranios.

Desde que el contingente romano cruzó el Éufrates a la de la actual provincia de Sanliurfa, marchó río abajo en dirección sureste. El avance, en principio sin grandes trabas, se interrumpió cuando Craso se dejó engañar por el príncipe árabe Abgar, un supuesto aliado que en realidad era fiel a Orodes II. Éste le convenció de alejarse de la vía fluvial, que les proporcionaba protección y abastecimiento, para internarse en el caluroso desierto para sorprender a las desprevenidas fuerzas de los partos.

Moneda del rey parto Orodes II, el enemigo de Craso en la batalla de Carras
Moneda del rey parto Orodes II (Fuente: National Geographic Historia)

Desarrollo de la batalla de Carras

Luego de una tortuosa travesía por el desierto, las fuerzas romanas llegaron a la llanura de Carras el 9 de junio del 53 a.C. Allí, en vez de formar a su infantería en un amplio frente flanqueado por la caballería, Craso decidió aplicar su propio criterio. Formó a las tropas en cuadros, cada uno de ellos con apoyo de un grupo de caballería y un líder. Las fuerzas laterales fueron encomendadas a Publio Licinio Craso, su hijo, y a Cayo Casio Longino, uno de los cabecillas del futuro asesinato de Julio César.

Otro de los errores de Craso fue subestimar la capacidad de estrategia del enemigo. En un primer momento, las tropas partas parecían querer huir al ver la formación romana, lo que motivó al triunviro a enviar a la infantería ligera para hostigarles. Sin embargo, era solo el cebo para que cayeran en una trampa. Cuando se aproximaron, los romanos sufrieron un gran número de bajas debido a una incesante lluvia de flechas, pues los partos habían traído consigo un escuadrón especial de camellos con suministros.

A continuación, los partos se acercaron y sometieron a las legiones al mismo tratamiento. En repuesta, Craso ordenó a su hijo un contraataque y éste, con 1300 jinetes, unos 4000 hombres de la infantería y 500 arqueros, atacó a los partos, que se retiraron. Entonces sobrevino otro craso error cuando éste decidió perseguir a los huidos, pues los caballeros partos consiguieron cercarlos y los masacraron.

Ilustración de Giuseppe Rava que representa la batalla de Carras
Ilustración de Giuseppe Rava que representa la batalla de Carras en su plenitud (Fuente: Arrecaballo)

El cuerpo principal del ejército romano quiso ir en su ayuda, pero cuando supieron de la aniquilación de sus compatriotas, incluido el joven Craso, cundió el desánimo. En las horas siguientes, partos y romanos siguieron luchando muy igualadamente, aunque al final la balanza se inclinó a favor de los primeros. Así terminarían de matar a un gran número de romanos mientras trataban de huir a lugares más seguros.

Consecuencias de la batalla de Carras

Las consecuencias de la batalla de Carras fueron terribles. Para empezar, la cabeza decapitada de Marco Licinio Craso fue llevada ante el rey parto para servir de atracción en un gran festín celebrado en la capital del imperio, Ctesifonte. Junto al triunviro murieron a su vez unos 20.000 hombres, mientras que otros 10.000 fueron apresados y esclavizados.

En cuanto a los supervivientes, un grupo liderado por Casio logró llegar a Siria, lo que le reportó una gran fama a su regreso a Roma. Otro grupo huyó con éxito y se internó en Asia, formando la famosa legión perdida de Craso. Al parecer, algunos de ellos se habrían alistado como mercenarios en las filas de las tribus nómadas que amenazaban la seguridad de la Ruta de la Seda, y habrían combatido contra la China de la dinastía Han en el 36 a.C. Las crónicas chinas nos cuentan que después ellos mismos los contratarían y terminarían asentándose en Liqian, a casi 6000 kilómetros de donde se les había perdido la pista.

Ilustración de Peter Dennis que representa a jinetes arqueros partos atacando en la batalla de Carras (53 a.C.)
Ilustración de Peter Dennis que representa a jinetes arqueros partos atacando en la batalla de Carras (Fuente: Arrecaballo)

En Roma, el desastroso final de la batalla de Carras supuso una gran conmoción psicológica, sobre todo por la pérdida de todas las águilas, el símbolo de las legiones romanas. A nivel de política interna, la muerte de uno de los más hombres más ricos y poderosos de Roma provocó un profundo cambio en el equilibrio político de la República. El Primer Triunvirato romano había finalizado y, en consecuencia, los delicados lazos que unían a Pompeyo Magno con Julio César empezaron a deteriorarse.

Bibliografía

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DE SOUZA, P. (2008): La guerra en el mundo antiguo. Madrid: Akal.

Resumen
La batalla de Carras (53 a.C.): el craso error de Roma ante los partos
Nombre del artículo
La batalla de Carras (53 a.C.): el craso error de Roma ante los partos
Descripción
En el 53 a.C., Craso y sus hombres morían en la batalla de Carras ante los partos, en una de las mayores derrotas de la historia de Roma
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