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HISTORIAE

La muerte de Alejandro Magno

Introducción

Alejandro III de Macedonia (356 – 323 a.C.), más conocido como Alejandro Magno, es uno de los personajes históricos más atractivos de estudiar no solo de la Historia antigua, sino de la Historia en general. Su breve pero intensa vida, la trascendencia de todas sus hazañas militares y el cambio radical que provocó en todo el mundo ha propiciado que en los últimos siglos se hayan publicado miles de estudios sobre todo lo referido a su vida y obra. Después de más de una década de conquistas y batallas sin final, llegó el momento trascendental que supondría un punto de inflexión muy importante en la Historia Antigua: la muerte de Alejandro Magno.

Mapa de la máxima extensión del imperio de Alejandro Magno
Mapa de la máxima extensión del imperio de Alejandro Magno

Los meses previos a la muerte de Alejandro Magno

Tras celebrar el enorme evento de las Bodas de Susa en la primavera del año 324 a.C., Alejandro Magno marchó hacia Babilonia, la que pretendía que fuera la capital de su gigantesco imperio. Cuando se disponía a entrar en la ciudad, los astrólogos le convencieron de retrasar su entrada, alegando que existían numerosos y alarmantes presagios negativos sobre su vida. Según una antigua y dudosa profecía que habría recibido estando en la India, al conquistador le quedaba poco tiempo de vida, no iba a volver a ver su Macedonia natal y moriría en Babilonia.

A causa de ésta y otras señales desfavorables, el rey mandó levantar campamento en la ribera occidental del río Éufrates, y no entró en la metrópolis hasta que el filósofo Anaxarco le convenció de que podía hacerlo sin problemas. En los meses previos a la muerte de Alejandro Magno, el soberano se dedicó a dos actividades, principalmente: la planificación de su futura expedición a Arabia y el embellecimiento de la ciudad a través de una frenética actividad constructora.

Primera entrada triunfal de Alejandro Magno en Babilonia, de Charles Le Brun
Primera entrada triunfal de Alejandro Magno en Babilonia, de Charles Le Brun (s. XVII)

Alejandro Magno estaba muy interesado en conquistar Arabia, la tierra de la mirra y el incienso, porque era consciente de su importancia como zona estratégica clave en el comercio entre Oriente y el Mediterráneo. En Babilonia se reunió la flota que debía partir hacia la costa arábiga y se dispuso todo lo necesario para el equipamiento de las unidades de combate y sus contingentes auxiliares.

Por otro lado, el soberano macedonio inició numerosas obras por toda la ciudad, ya que, si Babilonia iba a ser la capital de su Imperio, debía estar repleta de nuevos y majestuosos monumentos que dieran muestras de su grandeza y grabaran su nombre para toda la eternidad. Por una parte, se preocupó de mejorar los sistemas de regadío mesopotámicos. Para ello, inspeccionó personalmente los principales brazos de los ríos, viajó a través de la enorme red de canales, mandó reparar los lugares más dañados y construyó nuevas vías acuáticas para mejorar la eficiencia de los sistemas. Por otra parte, impulsó decisivamente la restauración del gran templo del dios Marduk, destruido por el rey persa Jerjes. Tal era su afán por mejorar este edificio que llegó a utilizar a parte de su ejército como mano de obra.

Reconstrucción de Babilonia, con los jardines colgantes en primer plano
Reconstrucción de Babilonia, con los jardines colgantes en primer plano (Autor: Jean Claude Golvin)

La muerte de Alejandro Magno

Entre los últimos días de mayo y los primeros de junio del 323 a.C. Alejandro Magno organizó una serie de banquetes con sus hombres de más estrecha confianza. Durante uno de ellos, Alejandro tuvo que abandonar la sala al sentir un gran dolor. Esa misma noche empezó a subirle mucho la fiebre y numerosos médicos no podían explicar qué era lo que le pasaba.

A pesar de ello, unos días más tarde empezó a sentirse mejor y recuperó parcialmente las fuerzas. Se dio un baño, comió con apetito y recibió la visita de sus amigos para seguir con los últimos preparativos de la expedición a Arabia. Sin embargo, la recuperación duró poco, puesto que pronto le subió de nuevo la fiebre, y esta vez con más virulencia. De hecho, su estado de salud no solo no mejoraba sino que empeoraba visiblemente por momentos, para gran preocupación de su entorno inmediato. Así, llegó un momento en el que prácticamente no podía moverse ni hablar.

Mientras tanto, el ejército sabía que algo grave pasaba, pues todos los comandantes estaban reunidos con el rey y el acceso al palacio estaba vetado. Diversas fuentes antiguas, desde Pseudo Calístenes y Plutarco hasta Arriano, Quinto Curcio o Diodoro, coinciden en la escena que supuestamente habría ocurrido en ese momento. Entre constantes rumores de muerte, los soldados obligaron a los guardias a dejarles pasar al palacio, y ahí pasaron uno por uno a despedirse de su rey y compañero de armas, que los miraba desde su lecho. Más allá de la veracidad o no de esta escena, lo cierto es que, después de una semana agonizando, la muerte de Alejandro Magno se produjo en la noche del 10 de junio del 323 a.C., a falta de un mes para que cumpliera 33 años.

Ilustración de la muerte de Alejandro Magno en el palacio de Nabucodonosor II en Babilonia (Fuente: Arrecaballo)

Causas de la muerte de Alejandro Magno

Todo lo que se pueda hablar sobre las causas de la muerte de Alejandro Magno son solo especulaciones y teorías, pues no hay ninguna manera de saber a ciencia cierta qué enfermedad acabó con el soberano macedonio. Por los síntomas que presentó en sus últimos días, descritos por las fuentes antiguas, los expertos actuales han sugerido gran cantidad de enfermedades: desde malaria o fiebres tifoideas hasta una pancreatitis aguda, pasando por las fiebres del Nilo o el síndrome de Guillain-Barré. Incluso se ha barajado la hipótesis de que el rey no estuviera muerto, sino en estado de coma, en el momento en el que sacerdotes egipcios y babilonios lo embalsamaron. De ese modo, habrían sido éstos los que, inconscientemente, mataron a Alejandro Magno.

Fuera cual fuera la causa, el rey había sufrido numerosas y graves heridas a lo largo de los años, estaba sometido a un gran estrés, sobre todo desde que había emprendido el camino de regreso, y abusaba excesivamente del alcohol con regularidad, por lo que tendría el sistema inmunológico afectado y cualquier enfermedad que contrajera sería más grave de lo normal.

Lejos de esta incertidumbre, lo que sí se sabe casi con total seguridad es que no fue un envenenamiento. Según estas teorías, Casandro, el hijo de Antípatro (regente de Macedonia en ausencia de Alejandro), habría encargado el magnicidio a su hermano Yolas, que era el catador y copero de Alejandro. Incluso se ha hablado de la posibilidad de que el veneno lo preparara Aristóteles, en venganza por la ejecución de su sobrino Calístenes por parte de Alejandro. Uno de los argumentos más importantes para desmontar las teorías del envenenamiento es su periodo de agonía. Alejandro estuvo al borde de la muerte durante una semana, y no existía en la Antigüedad ningún veneno que tardará tanto tiempo en hacer su efecto.

Alejandro Magno en su lecho de muerte, según el pintor Karl von Piloty (1886)

Así acabó la vida del mayor conquistador de la Antigüedad. A pesar de que como guerrero, comandante y líder militar fue, es y será prácticamente inigualable, fuera del campo de batalla no destacaba por sus habilidades políticas. Alejandro Magno fue un conquistador, pero nunca llegó a centrarse en cómo organizar política y administrativamente el inmenso imperio que construyó. Ni siquiera se preocupó demasiado por el futuro del mismo, ya que murió a los 32 años sin ningún heredero plenamente legítimo. Este hecho desembocó en las continuas guerras por el reparto de los territorios que sus sucesores disputarían durante las cuatro décadas siguientes. La idea del imperio universal soñada por Alejandro se había esfumado antes de hacerse realidad.

Bibliografía

BARCELÓ, P. (2011): Alejandro Magno. Alianza Editorial, Madrid.

CASALS MESEGUER, J.M. (2018): Alejandro el conquistador. Gredos, Barcelona.

DOMÍNGUEZ MONEDERO, A. (2006): Atlas histórico del mundo griego antiguo. Síntesis, Madrid.

GARCÍA GUAL, C.: «Los últimos días del conquistador: la muerte de Alejandro Magno», en Historia National Geographic, 2006, nº23, pp. 66-75.

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

Para saber más

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Comentarios (2)

Pensaba que él mismo decidió dividir su imperio entre sus generales de manera pacífica. Gracias por sacarme del error. Muy interesante el post.

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Muy interesante y bien escrito. La próxima vez que dé clase de Historia en 1º de ESO pediré a mis alumnos/as que lean esta entrada y resuelvan algunos ejercicios. Muchos no suelen recordar gran cosa de Alejandro Magno años después, salvo el por qué se recubrió su cadáver con miel: https://wp.me/p2NsuD-1rp

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