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HISTORIAE

Los faraones egipcios

Artículo sobre los faraones egipcios publicado por Álvaro Comes Cervera, graduado en Historia

Introducción

El faraón es posiblemente el elemento más famoso del Antiguo Egipto, aunque también es, a la vez, uno de los más desconocidos. Seguramente, si preguntamos por la calle a las personas sobre esta figura histórica nos comenten algunos nombres de faraones o elementos asociados, como Tutankhamon, Keops, pirámides, Ramsés II, etc. A pesar de que esta institución ha sido representada en muchas ocasiones en películas, documentales y videojuegos, lo cierto es que si preguntamos sobre las funciones del faraón más allá de ser un gobernante, lo más probable es que muy pocos sepan responder esta pregunta. En este artículo vamos a introducirnos a los quehaceres y a la simbología de los faraones egipcios, los hombres más poderosos de su tiempo.

Fotografía de las Pirámides de Guizá, hechas en la IV Dinastía egipcia
Fotografía de las Pirámides de Guiza, realizadas en la IV Dinastía egipcia

Simbología de los faraones egipcios

Una de las características de los faraones egipcios es su etimología. El nombre propiamente dicho, de origen hebreo y griego, deriva de una palabra egipcia, per-aa («casa grande»), utilizada para designar al palacio real, incluyendo a la corte del faraón. Curiosamente, no fue hasta la Dinastía XVIII (1550-1295 a.C.), la más célebre de la historia egipcia, cuando el término se incluyó para designar al rey. Aunque la nomenclatura que se usaba principalmente para denominar al monarca era la de Nsw (pronunciado como «nesu»), cuyo significado era rey o soberano, en este artículo mantendremos el nombre de faraón por ser más utilizado y más accesible.

El origen de los faraones egipcios y su simbología lo podemos encontrar durante la última etapa del periodo predinástico (en torno a los años 3200-3100 a.C.), y a partir de ahí irá ampliándose hasta el Reino Antiguo (2686-2125 a.C.). Algunos de los elementos faraónicos que vemos en el predinástico, hasta la llegada del primer faraón oficial, Narmer, son la maza ceremonial, las coronas blanca y roja y el nombre de Horus. Ésta última, el nombre de Horus, será el primero de los cinco nombres que llegarán a tener los faraones egipcios, siendo uno de sus símbolos más importantes. Recordemos que el faraón no era solo un monarca, sino también un dios viviente. En la mitología egipcia fue el dios Horus quien gobernó Egipto tras la muerte de su padre, Osiris. Por lo tanto, los faraones egipcios son herederos de aquel mítico gobierno, por lo que su representación es prácticamente la misma. Cuando un faraón es coronado rey se convierte en Horus, mientras que cuando muere pasa a convertirse en Osiris.

Imagen ilustrativa de algunos de los símbolos de los faraones egipcios
Imagen ilustrativa de algunos de los símbolos de los faraones egipcios (Fuente: El templo de Seshat)

Las coronas blanca y roja son el símbolo del faraón como gobernante de Egipto. A pesar de que se han encontrado grabados de reyes utilizando la corona blanca, símbolo del alto Egipto, no fue hasta que Narmer unificó Egipto cuando se puede ver la corona roja, símbolo del gobierno del bajo Egipto. De esta manera, ambas fueron combinadas formando la doble corona, símbolo de la unión de Egipto bajo un solo gobernante.

Por otra parte, la simbología de los faraones egipcios era completada por una serie de elementos ornamentales que solían llevar en su vestimenta o complemento: el cetro uas, que representaba el poder; el cetro heqem, que significaba el “poderío”; la maza de combate o ceremonial, que podría estar asociada como arma de castigo; el cetro heka, un báculo atribuido a “gobernar” en referencia a su pueblo; y el cetro nekhekh, un flagelo cuyo significado podría significar “mandar”.

De hecho, los cetros heka y nekhekh suelen ser representados juntos cada uno en una mano del faraón. En otras palabras, el primero simbolizaba el control del “ganado”, es decir, su pueblo, mientras que el segundo expresa la capacidad de dirigirlos. Otros elementos de protección del propio faraón eran el uraeus, que simboliza a la diosa serpiente Uadyet, ubicado en el nemes o la doble corona; el nemes, un tocado que el faraón portaba en ocasiones sustituyendo la doble corona; la corona azul, cuya función estaba asociada a la guerra; y, por último, la barba postiza que, probablemente, sea un símbolo del dios Osiris.

Titulatura de Tutmosis III (XVIII Dinastía), ejemplo de los nombres de los faraones egipcios
Titulatura de Tutmosis III (XVIII Dinastía), ejemplo de los nombres de los faraones egipcios (Fuente: Geografía, Historia y Arte)

Coronación de los faraones egipcios

El faraón era coronado como tal tras terminar el funeral de su predecesor. De hecho, era el sucesor quien debía dirigir este funeral debido a la tradición egipcia de ser el hijo quien entierra su padre. Precisamente, el hijo del rey que dirige este enterramiento se convierte automáticamente en el heredero, convirtiendo así al faraón fallecido en Osiris y a su sucesor en Horus. Aunque no se conocen muchos detalles sobre la coronación de un faraón, se cree que su coronación tenía lugar en el templo de Ra de Heliópolis, durante los Reinos Antiguo y Medio (2686- 1650 a.C.), y en el templo de Amón de Karnak a partir del año 1550 a.C.

Funciones de los faraones egipcios

Al amanecer, el faraón era despertado y vestido debidamente en sus aposentos, preparándolo así para la coronación. Después de desplazarse al templo donde se realizaba la ceremonia, se sucedían varios rituales. En primer lugar, era limpiado y purificado por los sacerdotes para entrar limpio al templo. Luego era amamantado de forma simbólica por una diosa (se cree que la diosa Isis) y ante los dioses se le otorgaba la doble corona y los cetros de poder. Pero, para ser oficialmente faraón, faltaba un ritual más: rodear los muros de la ciudad de Menfis. No obstante, este ritual sería sustituido más tarde por la realización de un viaje por todo el país para recibir la bendición de Horus. Una vez que todo se llevaba a cabo, el faraón celebraba un banquete para conmemorar su coronación.

Sarcófago de Tutankhamon en el que se observan varios de los símbolos de los faraones egipcios
Sarcófago de Tutankhamon en el que se observan varios de los símbolos de los faraones egipcios (Fuente: Mi Historia Universal)

Nada más finalizar estos eventos, los faraones egipcios comenzaban de inmediato sus quehaceres cotidianos. En primer lugar, al amanecer el gobernante se aseaba y se purificaba con la ayuda de funcionarios dedicados a su aseo personal. A continuación, es muy probable que realizase una ofrenda a los dioses, además de comunicarse con ellos. Algunos han sostenido que este acto era realizado dos veces al día, pero la apretada agenda del faraón hace muy improbable que esto sucediera. De hecho, es muy probable que en algunas ocasiones delegara en sacerdotes estas funciones si el monarca no se encontraba disponible.

Posteriormente, tomaba un ligero refrigerio antes de proceder a la visita al visir, su hombre de mayor confianza, el administrador del país en nombre del faraón y la persona que tiene la información de todo lo que acontece en el reino. La visita del monarca a este alto funcionario probablemente era diaria, para ser informado de todo lo que acontecía en Egipto, pues la obligación del rey es mantener la estabilidad en el país, la maat. Aparte de dicha visita, el monarca podía recibir visitas de personas de renombre, como embajadas de otros países o nobles importantes del estado egipcio.

Relieve de Ramsés II, uno de los faraones egipcios más famosos, en la batalla de Qadesh
Relieve del faraón egipcio Ramsés II en la batalla de Qadesh, ubicado en el templo de Abu Simbel

En otro orden de cosas, el faraón era el comandante en jefe del ejército. Normalmente, los faraones egipcios eran los que encabezaban las tropas para expandir y mantener seguro su reino, aunque existieron excepciones. Esta función militar tenía dos componentes: por un lado, el geopolítico, en el cual el monarca trataba de asegurar los intereses estratégicos de Egipto; por otro lado, el religioso, puesto que debemos recordar que para los egipcios su Estado era su mundo, un lugar estable rodeado por el caos que amenazaba constantemente en destruirles. Aquí el faraón adquiere una visión divina como garante de la estabilidad, como el ser divino que protege sus tierras del caos. Por eso es habitual ver en los templos bajorrelieves del faraón derrotando a sus enemigos. Tras terminar sus obligaciones diarias, el monarca podía disfrutar de tiempo libre y realizar actividades de entretenimiento. No obstante, la vida de un faraón era muy atareada y es probable que el tiempo para el ocio fuera menos habitual de lo que se considera.

Bibliografía

FERNANDEZ J.J. (2008): Historia de Egipto. Manetón. Madrid: Akal.

PARRA. J.M. (2015): La vida cotidiana en el antiguo Egipto. Madrid: La esfera de los libros.

SCHULZ. R. (1998): Egipto. El mundo de los faraones. Potsdam: Konemann.

SHAW. I. (2000): Historia del antiguo Egipto. Oxford: Oxford University Press.

URRUELA. J. (2017): Egipto faraónico. Política, economía y sociedad. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.

Artículo publicado por Álvaro Comes Cervera, graduado en Historia

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Comentarios (2)

Felicitación por sus importantísimos aportes para el conocimiento de la historia. Enorme recurso en la didáctica de la misma. Muchas gracias

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Interesante el artículo, gracias por publicarlo.

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