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HISTORIAE

La batalla de Farsalia (48 a.C.)

Ilustración de Adam Hook que representa un momento de la batalla de Farsalia entre Julio César y Pompeyo

Introducción

La batalla de Farsalia fue un enfrentamiento entre las tropas de Julio César y las de Pompeyo Magno que tuvo lugar en el verano del 48 a.C. en lo que hoy actualmente es Grecia. Insertada en el contexto de la Segunda Guerra Civil romana (49 – 45 a.C.), la de Farsalia fue una de las batallas más importantes del último siglo de la República Romana debido a todo lo que significó para sus protagonistas. Por eso, en este artículo vamos a hacer un breve resumen de sus causas, desarrollo y consecuencias para descubrir quién perdió y quién ganó la batalla de Farsalia.

La batalla de Farsalia en el mapa

Tras su derrota en la batalla de Dirraquio (julio del 48 a.C.), Julio César se adentró en territorio griego para tener una oportunidad de reagruparse. Por su parte, Pompeyo Magno desoyó el consejo de algunos de sus oficiales de aprovechar la debilidad del enemigo para reconquistar Italia, la Galia e Hispania y decidió ir al encuentro de César siguiendo una ruta más al norte.

César acampó finalmente en la llanura de Pharsalos, a la altura del río Enipeo, y hasta ahí llegó Pompeyo después para instalar su campamento a menos de dos kilómetros del de su rival. No obstante, su situación era excelente, pues se había fortificado en una colina que le permitía un buen abastecimiento y una buena defensa en caso de ataque. De hecho, como César no quería conceder a Pompeyo la ventaja de luchar cuesta abajo, pasaron días hasta que decidieron enfrentarse.

"Julio César vence a las tropas de Pompeyo", obra de Justus van Egmont hecha en el siglo XVII que podría narrar la batalla de Farsalia
«Julio César vence a las tropas de Pompeyo», obra de Justus van Egmont hecha en el siglo XVII (Fuente: Wikimedia Commons)

También es posible que César no quisiera provocar un choque rápidamente porque necesitaba buscar una manera de compensar su inferioridad numérica. Aproximadamente, en ese momento solo contaba con unos 21.000 infantes y 1000 jinetes, mientras que Pompeyo disponía de un total de 38.000 infantes y 7000 jinetes. Concretamente, el líder optimate había llegado allí con nueve legiones y contingentes de aliados, pero dos nuevas legiones y un numeroso cuerpo de caballería a las órdenes del procónsul Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión se le había unido.

Había algo que Pompeyo no tenía y César sí: la lealtad incondicional de sus hombres y aliados. Tras lo sucedido en Dirraquio, los líderes optimates que lo habían coronado como salvador de la República le estaban presionando constantemente para que acabara la guerra lo antes posible, lo que iba en contra de la estrategia más prudente y sensata de Pompeyo.

Mapa de los Balcanes que muestra la ruta seguida por Julio César (en rojo) y Pompeyo Magno (en azul) en su camino hacia la batalla de Farsalia
Mapa de los Balcanes que muestra la ruta seguida por Julio César (en rojo) y Pompeyo Magno (en azul) en su camino hacia Farsalia (Fuente: Sheppard, 2009)

Los ejércitos de la batalla de Farsalia

Los dos ejércitos romanos se enfrentaron finalmente en la batalla de Farsalia el 9 de agosto del 48 a.C. Pompeyo Magno descendió a la llanura y distribuyó sus fuerzas —11 legiones, 110 cohortes— en tres líneas de combate (la triplex acies): el ala derecha estaba bajo el mando de Lucio Afranio, Quinto Cecilio Metelo comandaba el ala central y Lucio Domicio Ahenobarbo lideraba el ala izquierda. El propio Pompeyo se situó en esta última, pues confiaba que fuera la sección que decantara la batalla a su favor.

Además, aproximadamente unos 4000 hombres se quedaron como guarnición del campamento y otros punto de apoyo, al mismo tiempo que el resto de soldados fue distribuido por toda la línea. Asimismo, dividió las numerosas tropas auxiliares aliadas de modo que una parte se repartió en el centro mientras que la otra parte se quedó en reserva. Por último, para reforzar especialmente su importante ala izquierda, Pompeyo colocó allí a todos sus arqueros, honderos y la mayor parte de la caballería dirigida por Tito Labieno. Cabe destacar que, como medida de precaución, Pompeyo diseminó a unos 2000 veteranos entre todas las filas con la idea de estabilizarlas y motivar a los más novatos.

Al darse cuenta de que Pompeyo quería presionar más por el lado izquierdo, Julio César colocó su escasa caballería (sobre todo gala y germana) y la mejor de las ocho legiones que tenía en el ala derecha bajo su propio mando y la ayuda de Publio Cornelio Sila. Para contrarrestar la superioridad numérica de Pompeyo, César tomó seis cohortes de la tercera línea de su ejército y las movió a una posición detrás de su propia ala derecha para formar una cuarta línea oblicua. Al estar oculta de la vista por los soldados que estaban delante, los comandantes pompeyanos no se percataron de esta reorganización de tropas.

Representación en inglés de la distribución de los ejércitos y primeros movimientos en la batalla de Farsalia
Representación en inglés de la distribución de los ejércitos y primeros movimientos en la batalla de Farsalia. Podemos ver las fuerzas de César a la izquierda de la imagen y las de Pompeyo a la derecha (Fuente: Goldsworthy, 2016)

Por el resto del frente, dividido también en una triple línea de combate, César distribuyó a las otras siete legiones, notablemente más incompletas que las de su enemigo: el futuro triunviro Marco Antonio dirigió el ala izquierda del mismo modo que Cneo Domicio Calvino capitaneaba el centro. Al igual que Pompeyo, César dejó siete cohortes (unos 2000 hombres, aproximadamente) custodiando el campamento principal. Cabe reseñar además que el líder popular debió de contar con un número desconocido de tropas auxiliares, pero desconocemos totalmente su papel en la lucha. Tras cabalgar a lo largo de toda la línea del frente realizando una arenga motivadora, César se situó en su puesto y dio la señal de avance. Cuando se escucharon las trompetas, la batalla de Farsalia comenzó.

Análisis táctico de la batalla de Farsalia

Para Pompeyo, el desenlace de la batalla de Farsalia dependía de la capacidad de su caballería para arrollar a su contrapartida cesariana y caer sobre el flanco y la retaguardia de su enemigo antes de que las líneas de infantería de Pompeyo flaquearan bajo el empuje de las rivales. Era un plan sencillo y razonable porque explotaba la enorme ventaja numérica del general optimate, pero contaba con un gran defecto: no había plan B.

Al comenzar la batalla de Farsalia, Pompeyo indicó a sus hombres que esperaran el ataque de los cesarianos, con la esperanza de que se fatigaran con la carga y pudieran ser mejores objetivos para los arqueros y honderos. Sin embargo, nuevamente la capacidad de previsión de César se demostró cuando cambiaron de procedimiento sobre la marcha. En vez de hacer la gran carga esperada por los pompeyanos, las cohortes se detuvieron, reorganizaron sus filas y volvieron a avanzar. En el momento justo, aceleraron por segunda vez, arrojaron sus lanzas, gritaron y cargaron espada en mano contra la línea pompeyana.

Ilustración de Adam Hook que representa un momento de la batalla de Farsalia
Ilustración de Adam Hook que representa un momento de la batalla de Farsalia (Fuente: Arrecaballo)

Simultáneamente, la caballería de Tito Labieno chocó con los reducidos jinetes de César y les fue comiendo terreno. No obstante, en parte esta retirada era una estrategia, ya que así se les conducía a la trampa que les esperaba oculta detrás. Aparte, Labieno y sus hombres perdieron el control al dejarse llevar por la euforia y convertirse en una gran masa desordenada. Rápidamente, César dio la orden de ataque a la cuarta línea y acabó provocando una huida en desbandada de los jinetes.

A continuación, en vez de perseguir al adversario, los soldados dieron media vuelta para golpear y rodear el flanco izquierdo de la infantería pompeyana. Asimismo, en aquel instante se unieron al combate las cohortes de la tercera línea que todavía estaban en reserva. Poco a poco, los pompeyanos fueron cediendo más y más terreno hasta que al final su línea se deshizo y se dieron a la fuga.

En el otro lado de la llanura, la dirección de Pompeyo Magno en la batalla de Farsalia había dejado mucho que desear. Al ver que su plan maestro con la caballería fracasaba, regresó a su campamento. Allí, una vez que se dio cuenta de que la batalla estaba sentenciada, tomó sus insignias de general y salió huyendo de la zona en una actitud muy deshonrosa para un comandante romano.

Ilustración de Adam Hook que representa un momento de la batalla de Farsalia
Ilustración de Adam Hook que representa un momento de la batalla de Farsalia (Fuente: Arrecaballo)

Consecuencias de la batalla de Farsalia

Pompeyo Magno fue, sin duda, el gran perdedor de la batalla de Farsalia. Según nos cuenta el propio Julio César, 15.000 soldados enemigos perdieron la vida y unos 24.000 fueron apresados junto con las águilas de nueve legiones y otros 180 estandartes diversos. Sin embargo, es probable que el número de muertos esté deliberadamente exagerado y que la cifra real esté cerca de las 6000. En contraposición, los cesarianos habrían sufrido menos de 250 bajas, lo que representa una cantidad bajísima en comparación de las sufridas por Pompeyo.

En vez de tratar de volver a formar un ejército en Grecia, Pompeyo Magno huyó junto a algunos de sus oficiales al Egipto de la dinastía ptolemaica. Allí esperaba gozar de la hospitalidad de sus supuestos aliados para reconstruir su fortuna y reconducir la guerra civil, pero lo que encontró fue la muerte. Concretamente el 28 de septiembre del año 48 a.C., Pompeyo Magno fue apuñalado varias veces delante de su esposa y aliados cuando estaba desembarcando en Alejandría. De esta manera tan inesperada moría uno de los mejores generales de la historia de la República romana.

A continuación, sus asesinos lo decapitaron y guardaron su cabeza para ofrecérsela a Julio César con la esperanza de ser recompensados por su hazaña. Solo tres días después del magnicidio, Julio César llegó a Alejandría para comenzar un nuevo capítulo de la historia de la segunda guerra civil romana.

César rechaza ver la cabeza decapitada de Pompeyo Magno a su llegada a Alejandría tras la batalla de Farsalia
César rechaza ver la cabeza decapitada de Pompeyo Magno a su llegada a Alejandría (Fuente: Arrecaballo)

Bibliografía

GOLDSWORTHY, A. (2016): César. La biografía definitiva. Madrid: La esfera de los libros.

HOLLAND, T. (2005): Rubicón: auge y caída de la República Romana. Barcelona: Planeta.

RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, J. (2017): Diccionario de batallas de la historia de Roma. Madrid: Almena ediciones.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. (2007): Historia de Roma I. La República Romana. Barcelona: Cátedra.

SHEPPARD, S. (2009): César contra Pompeyo. Farsalia. Barcelona: Osprey Publishing.

Resumen
La batalla de Farsalia (48 a.C.): la victoria de Julio César sobre Pompeyo
Nombre del artículo
La batalla de Farsalia (48 a.C.): la victoria de Julio César sobre Pompeyo
Descripción
Breve resumen de las causas, análisis táctico y consecuencias de la batalla de Farsalia (48 a.C.) entre Julio César y Pompeyo Magno
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