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HISTORIAE

La Batalla de Gaugamela

Introducción

Alejandro III de Macedonia (356 – 323 a.C.), más conocido como Alejandro Magno, es uno de los personajes históricos más atractivos de estudiar no solo de la Historia antigua, sino de la Historia en general. Su breve pero intensa vida, la trascendencia de todas sus hazañas militares, y el cambio radical que provocó en todo el mundo ha propiciado que en los últimos siglos se hayan publicado miles de estudios sobre todo lo referido a su vida y obra. Sin embargo, si hay un aspecto que destaca de entre todos los demás es su recorrido de conquistas y victorias por Asia, siendo la lograda en la Batalla de Gaugamela la más importante para su carrera y la Historia del mundo.

Mapa de la máxima extensión del imperio de Alejandro Magno
Mapa de la máxima extensión del imperio de Alejandro Magno

Hacia la batalla de Gaugamela

Después de pasar cuatro meses en Egipto, en abril del 331 a.C. Alejandro Magno abandonó el país del Nilo para reunir su ejército y flota en Tiro y posteriormente en Damasco. En esas semanas de mayo y junio, sabiendo lo que se avecinaba, Alejandro dio un descanso y diversión a sus hombres, ofreciendo certámenes atléticos y teatrales. Mientras el ejército macedonio descansaba, el soberano persa Darío III había aprovechado el respiro que había tenido desde la batalla de Issos para concentrar en Babilonia un segundo y colosal ejército con el que derrotar de una vez por todas al conquistador macedonio.

En esta segunda congregación militar la caballería ocupaba nuevamente el papel predominante, aunque con una gran novedad: la llegada de los jinetes de Sogdiana y Bactriana (dos de las regiones más orientales del Imperio Persa). Estos se veían reforzados además con los jinetes escitas y sus catafractas, unas armaduras de escamas metálicas muy resistentes colocadas también en los caballos. Asimismo, el Rey de Reyes contaba ahora con una quincena de elefantes de guerra indios y 200 carros falcados, provistos de cuchillas de un metro de largo en sus ruedas y en los yugos de los caballos. No obstante, el grueso de su ejército volvía a ser la infantería, formada por decenas de miles de soldados de escasa calidad, y los mercenarios griegos que aun seguían con vida y a su servicio.

Ilustración de la batalla de Gaugamela 331 aC Arrecaballo
Ilustración de la batalla de Gaugamela (331 a.C.) en el que se puede ver un carro falcado (Arrecaballo)

Al igual que en Issos, es bastante problemático establecer una cifra más o menos verosímil del número de tropas persas, ya que las fuentes (principalmente Arriano, Diodoro y Quinto Curcio) tienden a exagerar las cifras para ensalzar aun más la victoria de Alejandro. Lo único que podemos afirmar a ciencia cierta es que los efectivos del ejército persa eran tremendamente superiores en cantidad a los del ejército macedonio, integrado en este momento por 40.000 infantes y 7000 jinetes, aproximadamente.

En julio del 331 a.C., el ejército de Alejandro Magno cruzó el río Éufrates, adentrándose de lleno en Mesopotamia. En ese momento, en vez de marchar al sur por el río para llegar a Babilonia, donde se suponía que había huido Darío III, eligió dirigirse hacia el norte, cruzando todo el territorio mesopotámico hasta llegar al río Tigris en la segunda quincena de septiembre. Al mismo tiempo, Darío III había marchado al norte, hasta Arbela, a poco más de 100 kilómetros de la extensa llanura de Gaugamela. A diferencia de lo sucedido en la batalla de Gránico y en la de Issos, allí sí podría desplegar todo el potencial de sus tropas para envolver las de Alejandro y aniquilarlo.

La batalla de Gaugamela, pintada por Brueghel el Viejo en 1602
La batalla de Gaugamela, pintada por Brueghel el Viejo en 1602

El desarrollo de la batalla de Gaugamela

La disposición de los ejércitos

Al amanecer del 1 de octubre del 331 a.C. comenzó uno de los enfrentamientos más importantes de la Antigüedad: la batalla de Gaugamela. Darío III reagrupó a sus tropas en torno a sus unidades de élite, los llamados melophoroi, que estaban rodeadas por los mercenarios griegos. Él mismo, en su lujoso carro de guerra, se colocó en el centro de la línea de choque, circundado por sus hombres de confianza y flanqueado por cincuenta carros falcados y la quincena de elefantes. Además, como medida de seguridad extra, hizo colocar frente a él abrojos, trampas punzantes, para frenar las posibles cargas de la caballería enemiga. Mientras que al mando del ala derecha estaba Maceo, el sátrapa persa de Mesopotamia, al frente del ala izquierda estaba Bessos, el influyente sátrapa de la Bactriana.

En el otro lado del polvoriento campo de batalla se encontraba Alejandro Magno. Siendo consciente del plan del soberano persa, toda su estrategia se basó en no dejarse envolver por su ejército y en buscar la manera de contrarrestar su gran inferioridad numérica. En el ala derecha, donde combatiría él mismo, colocó a los Hetaiori, la caballería de élite, dirigida por Clito Filotas. Los hipaspistas, su infantería de élite, eran el enlace entre los jinetes macedonios y el centro, donde formaba la poderosa falange macedonia. El ala izquierda, mandada por Parmenión, incluía la caballería tesalia y la de los aliados griegos.

Aparte de todo ello, en cada extremo de su línea de combate añadió unidades de caballería e infantería que formaban una especie de alerón y se podían desplegar para evitar el abrazo persa. Yendo más allá incluso, Alejandro había previsto una línea de reserva más atrás, preparada para unirse con su frente de batalla en caso de que finalmente los persas les sobrepasaran y llegaran a rodearlos.

La batalla de Gaugamela según el pintor Charles le Brun en 1669
La batalla de Gaugamela, pintada por Charles le Brun en 1669

El fragor de la batalla de Gaugamela

A la hora de conocer los movimientos que se produjeron durante la batalla de Gaugamela nos encontramos con el mismo problema de siempre, la veracidad de las fuentes de conocimiento, cuyo relato es muy similar al de la batalla de Issos. Según este relato, Alejandro y la caballería galoparon en diagonal y hacia la derecha, para esquivar los abrojos y los carros falcados y evitar que los flanquearan los persas. En consecuencia, la caballería persa del ala izquierda se movió en su persecución, con el objetivo de adelantarse a los macedonios y envolverlos. Sin embargo, los jinetes aqueménidas no se percataron de que al hacer esto se habían separado del centro, donde se había abierto un hueco que permitía llegar a Darío III.

Entre tanto, el combate se ha generalizado a lo largo y ancho del campo de batalla. Por la derecha, la presión de los lanceros macedonios desbarata la formación de las tropas del sátrapa Bessos, que acaban perdiendo la iniciativa y huyendo. En el centro, la falange y los hipaspistas avanzan de forma lenta pero segura, haciendo retroceder poco a poco a las unidades persas. Es en el ala izquierda donde las tropas de Darío habían conseguido una mayor ventaja, puesto que Parmenión se encontraba a la defensiva, casi rodeado por la ingente caballería del sátrapa Maceo.

Detalle del Mosaico de Issos en Pompeya donde se aprecia al emperador persa Darío III
Detalle del Mosaico de Issos en Pompeya donde se aprecia al emperador persa Darío III

Gracias al buen trabajo desarrollado por sus generales, Alejandro pudo centrarse en su objetivo de combatir y abatir al rey persa. En un determinado momento, después de resistir durante mucho tiempo la carga del soberano macedonio, Darío III comete su peor error. Igual que sucedió en Issos, da por perdida la batalla cuando aun no estaba decidida para ningún bando y huye, arrastrando con él progresivamente al resto de las tropas cercanas.

Ante este movimiento, Alejandro le persiguió inmediatamente, y durante un momento parecía que la vida del Rey de Reyes iba a llegar a su fin. No obstante, la llamada desesperada de Parmenión, que ya no puede resistir más la lucha contra los jinetes persas, hace que Alejandro desista de su persecución y permite que Darío III pueda escapar. Al verse abandonados por su rey, el ejército persa se desmoralizó y acabó huyendo o rindiéndose, confirmando de esa manera la desintegración del Imperio Persa y la coronación de Alejandro Magno como señor de Asia.

Bibliografía

ANTELA-BERNÁRDEZ, B.: «Gaugamela. La victoria decisiva de Alejandro», en Historia National Geographic, 2017, nº 164, pp. 62-73.

BARCELÓ, P. (2011): Alejandro Magno. Alianza Editorial, Madrid.

CASALS MESEGUER, J.M. (2018): Alejandro el conquistador. Gredos, Barcelona.

DE SOUZA, P. (2008): La guerra en el mundo antiguo. Editorial Akal, Madrid.

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

WRIGHTSON, G.: «La batalla de Gaugamela y el empleo de armas combinadas», en Desperta Ferro Antigua y Medieval, 2018, nº 47, pp. 14-22. 

Para saber más

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