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HISTORIAE

El Segundo Triunvirato romano

Los integrantes del Segundo Triunvirato romano

Introducción

El Segundo Triunvirato romano fue una alianza política formada en otoño del 43 a.C. por Octaviano, Marco Antonio y Marco Emilio Lépido. Sus objetivos eran básicamente dos: repartirse los resortes del poder en la antigua Roma y vengar el asesinato de Julio César. Por eso, en esta entrada vamos a ver un resumen de la formación y las características del Segundo Triunvirato para comprender sus primeras acciones, sus aspectos más importantes y las consecuencias que tuvo tanto para sus integrantes como para el resto de romanos.

Augusto de Prima Porta, la estatua más famosa de Octaviano, el futuro emperador César Augusto
Augusto de Prima Porta, la estatua más famosa de Octaviano, el futuro emperador César Augusto (Fuente: Wikimedia Commons)

¿Por qué se creó el Segundo Triunvirato?

Desde que Marco Antonio fue vencido en la guerra de Módena (abril del 43 a.C.), Octaviano se dio cuenta de que en realidad le beneficiaba más aliarse con él. Por una parte, los senadores solo le habían utilizado como un medio para librarse del heredero político más poderoso de Julio César, pero ahora ya no le necesitaban más. Por otra parte, los cabecillas del magnicidio —Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino— se hacían cada día más poderosos en Oriente, por lo que era necesario unir a todos los cesarianos en un frente común para vengar el asesinato.

Antes de marchar hacia ese objetivo, Octaviano y su colega consular Quinto Pedio (sobrino de Julio César) prepararon el terreno legal. Primero se aprobó una ley que revocaba la amnistía pactada por Marco Antonio el 17 de marzo del 44 a.C. y declaraba que el asesinato del dictador era un crimen. Por tanto, Bruto y Casio perdieron la legitimidad para gobernar sus provincias y fueron declarados culpables y enemigos públicos del Estado. En contraposición, otra ley logró que Marco Antonio, Lépido y Dolabela perdieran ese deshonroso calificativo.

Busto de Marco Antonio conservado en los Museos Vaticanos, uno de los integrantes del Segundo Triunvirato romano
Busto de Marco Antonio conservado en los Museos Vaticanos (Fuente: Wikimedia Commons)

Lo último que hizo el joven cónsul antes de partir fue pagar lo que faltaba de la donación del testamento de Julio César al pueblo romano. Además, sin temor a utilizar los fondos de un Tesoro casi vacío, Octaviano entregó 2500 denarios (la mitad del botín pactado) a cada uno de sus legionarios, con la promesa de entregar el resto en el futuro.

La formación del Segundo Triunvirato romano

En el momento en el que Octaviano dejó Roma para encaminarse hacia el norte comandaba once legiones, la mitad más o menos de las que tenían Marco Antonio y Lépido. Estos podrían haberlo destruido si hubieran querido, pero en las cartas y embajadores que intercambiaron antes de verse reconocían que había que unirse por una causa mayor.

Finalmente, el encuentro tuvo lugar en octubre del 43 a.C. en una pequeña isla cerca de la actual ciudad de Bolonia. Durante varios días los tres jefes y sus más íntimos colaboradores negociaron concienzudamente los detalles de su alianza. Para empezar, los tres accedieron a compartir el poder supremo que solo se le daba a un dictador, lo que les convertía en tresviri rei publicae constituendae, es decir, triunviros (literalmente, «consejo de tres»).

Busto de Marco Emilio Lépido, uno de los integrantes del Segundo Triunvirato romano
Busto de Marco Emilio Lépido (Fuente: Wikimedia Commons)

Características del Segundo Triunvirato

Aparte de repartirse el poder político, los triunviros se repartieron las provincias romanas occidentales, no con el objetivo de gobernarlas directamente, sino con el de controlar a las legiones allí estacionadas. Tanto Lépido, con la Galia Transalpina y las dos provincias de Hispania, como Marco Antonio, con el resto de la Galia, quedaron satisfechos, pero Octaviano se tuvo que contentar con África, Numidia, Sicilia y Cerdeña. Probablemente fuera la sección más débil, ya que Sexto Pompeyo no tardaría mucho en invadirlas. Por último, cabe destacar que Italia quedó como posesión común.

A diferencia del carácter secreto que había tenido el Primer Triunvirato entre Julio César, Pompeyo Magno y Craso, el Segundo Triunvirato fue totalmente público en todo momento. Concretamente, se oficializó mediante una ley aprobada en noviembre por el tribuno de la plebe Publio Titio. En virtud de la Lex Titita, en los próximos cinco años los triunviros poseerían los poderes de los cónsules, elegirían a los magistrados, asignarían tierras y tendrían el derecho de dictar leyes sin apelación posible.

A pesar de que nuestro trío protagonista estaba por encima de cualquier otro político, la magistratura del consulado no desapareció. De hecho, para llegar al acuerdo Octaviano tuvo que acceder a renunciar a su cargo, que pasaría a estar ostentado en esas últimas semanas del año por Publio Ventidio Baso. No obstante, no podemos olvidar que al fin y al cabo eran unos caudillos con ejércitos mucho más leales a ellos que al Estado romano en sí.

Mapa que muestra la distribución de territorios pactada en el Segundo Triunvirato romano
Mapa que muestra la distribución de territorios pactada en el Segundo Triunvirato romano (Fuente: Arrecaballo)

El terror de las proscripciones llega a Roma

Uno de los objetivos del Segundo Triunvirato romano ya estaba cumplido; ahora tocaba empezar el otro. Las proscripciones, es decir, asesinatos en masa legales para liquidar a los oponentes políticos y amasar grandes sumas de dinero gracias a los bienes confiscados, fueron la fórmula elegida para cumplir la primera parte de ese objetivo. Antes de llegar a Roma los triunviros ya se habían encargado de que fueran asesinados una docena o más de hombres prominentes, pero lo cierto es que la política del terror solo acababa de comenzar.

En el Foro romano se colgaron dos tableros con listas de personas que perdían todos sus derechos ciudadanos. De esta manera podían ser asesinados por cualquiera que quisiera cobrar la recompensa fijada, previa presentación de la cabeza decapitada a las autoridades para que pudiera ser expuesta a la vista de todos en el Foro. Además, cualquier persona que osara ayudar a uno de los proscritos, aunque fuera un familiar íntimo, corría el riesgo de ver cómo añadían su nombre a las listas.

Ilustración que recrea una de las acciones y aspectos más importantes del Segundo Triunvirato romano, las proscripciones
Ilustración que recrea el inicio de las proscripciones del Segundo Triunvirato romano (Fuente: Wikimedia Commons)

Las víctimas del Segundo Triunvirato romano

La lista inicial incluía a varios centenares de ciudadanos, pero el total ascendió a unos 2300 (sobre todo miembros del orden ecuestre y senadores) en los meses siguientes. Los integrantes del Segundo Triunvirato mataron a todo aquel que consideraron que era un enemigo, ignorando incluso lazos de amistad o familia: Marco Antonio anotó a un tío materno, Octaviano sacrificó a su tutor de la infancia, Cayo Toranio, y Lépido entregó a su propio hermano, Lucio Emilio Lépido Paulo.

Aunque en un principio solo se limitaron a enemigos políticos, las acciones del Segundo Triunvirato luego se extendieron por causas económicas. Antonio, Lépido y Octaviano dirigían un colosal ejército de cuarenta o más legiones que estaban acostumbradas a suculentos botines, por lo que la financiación era una cuestión primordial. Para tratar de subsanar sus cuentas no dudaron en incluir a muchos ricos en las listas de proscritos solo para confiscarles sus propiedades. Asimismo, llegaron a robar los ahorros que la gente había puesto al cuidado de los templos y se urdieron nuevos e impopulares impuestos.

Sin embargo, cabe aclarar que no todos los que aparecieron en las listas murieron al final, pues algunos consiguieron huir de Italia a tiempo. Este no fue el caso de uno de los oradores más importantes de la historia romana, Marco Tulio Cicerón. Marco Antonio lo odiaba profundamente por los vituperios que éste le había dirigido en los catorce discursos que integraban su obra Filipicas, de modo que en el Foro no solo fue expuesta su cabeza, sino también las manos con las que tantas críticas había redactado. Así, únicamente cuando ya nadie en Roma se atrevió a cuestionar ni una sola de sus palabras o acciones, los triunviros pudieron centrarse en su auténtica misión: derrotar a Bruto y Casio.

Fulvia y Marco Antonio, obra de Francisco Maura y Montaner hecha a finales del siglo XIX
Fulvia y Marco Antonio, obra de Francisco Maura y Montaner hecha a finales del siglo XIX que recrea el momento en el que reciben con alegría la cabeza del orador Cicerón en una bandeja (Fuente: Wikimedia Commons)

Bibliografía

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GOLDSWORTHY, A. (2014): Augusto. De revolucionario a emperador. Madrid: La esfera de los libros.

MANGAS, J. (1991): Augusto. Madrid: Akal.

OSGOOD, J. (2019): Roma. La creación del Estado mundo. Madrid: Desperta Ferro.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. (2020): Historia de Roma II. El Imperio Romano. Barcelona: Cátedra

Resumen
El Segundo Triunvirato romano: Octaviano, Marco Antonio y Lépido
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El Segundo Triunvirato romano: Octaviano, Marco Antonio y Lépido
Descripción
Resumen de las acciones del Segundo Triunvirato romano para entender quiénes fueron sus integrantes y qué objetivos buscaban con su formación
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