
Artículo escrito por Ricardo Núñez, doctorando en historia antigua
Introducción
De las titánicas guerras púnicas, la más célebre y decisiva fue aquella protagonizada por el general cartaginés Aníbal Barca entre los años 218 y 201 a.C. Su audaz cruce de los Alpes y sus espectaculares batallas contra los romanos, sobre todo la increíble batalla de Cannas (216 a.C.), no sólo hicieron contener al mundo la respiración, sino que animaron a otros a tomar cartas en el asunto en favor de las armas cartaginesas. Uno de ellos fue Filipo V de Macedonia, quien ansiaba expulsar a los romanos de Ilíria para devolver a la patria de Alejandro Magno el lugar que le correspondía en el mundo. No supo el bueno de Filipo que su decisión de iniciar la primera guerra macedónica iba a suponer todo lo contrario.

Macedonia y Roma antes de la primera guerra macedónica
Durante el siglo III a.C., Roma y Macedonia vivieron momentos convulsos y dispares. Después de hacerse con el control del centro de Italia entre los siglos VI y IV a.C., los romanos continuaron su dominio de la península proyectando su poder hacia la Magna Grecia. La ciudad de Tarento, auxiliada por el rey Pirro de Épiro, trató en vano de hacer retroceder a los romanos entre el 280 y el 275 a. C.
A la derrota griega sobrevino el primer gran conflicto contra Cartago que tuvo lugar en Sicilia y las aguas del Mediterráneo central. A la conclusión de la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.), Roma incorporó las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia, sustituyendo a Cartago como la potencia principal de aquella parte del Mediterráneo.
Entre los años 240 al 220 a.C. los romanos consolidaron su dominio en Etruria y aseguraron la frontera norte después de aplastar una invasión gala en la batalla de Telamón en 225 a.C. Asimismo, la República comenzó a hacerse sentir en el mar Adriático con los ataques a los piratas ilirios.

Para Macedonia, el siglo III a.C. fue un siglo de derrumbe y recuperación de su poder político. En las primeras décadas del siglo, el país fue campo de batalla de la guerra de los Diádocos, así como objetivo de invasión y saqueo por parte de los gálatas en 280 a.C. No fue hasta este momento cuando el reino recuperó la estabilidad de la mano de Antigono II Gónatas (277-239 a.C.), abuelo de Filipo V, quien venció a los bárbaros y contuvo las ambiciones de otros dinastas helenísticos sobre Macedonia.
Tanto Antígono II como sus sucesores, Demetrio II (239-229 a.C.) y Antigono III Dosón (229-222 a.C.), pugnaron por establecer la hegemonía de Macedonia sobre los griegos y los pueblos del Egeo. Al ascenso de Filipo V al trono, Macedonia estaba próxima a restablecer su autoridad perdida y a embarcarse hacia nuevos objetivos. La derrota romana en Cannas parecía la oportunidad perfecta para expandirse por Iliria expulsando a los molestos romanos de sus fronteras. Por esto estalló la primera guerra macedónica.
El inicio de la primera guerra macedónica
Expectante el rey de Macedonia de los hechos de Italia, envió Filipo V a sus embajadores en búsqueda de Aníbal Barca con ánimo de entablar amistad. Cerca estuvo la embajada de caer en manos romanas, Sólo fue evitado por la astucia de los embajadores macedonios, quienes en vez de cadenas consiguieron de los romanos el paso más seguro para llegar al campamento cartaginés.

Llegados éstos al campamento púnico pactaron con Aníbal los siguientes términos: que Aníbal y Filipo serían amigos; que Filipo armaría doscientas naves y haría la guerra por tierra y mar a los romanos. Derrotados estos, a Aníbal corresponderían las tierras de Italia y el botín de la campaña, mientras que en compensación el cartaginés pasaría a Grecia con sus ejércitos para combatir a todos los enemigos del rey. Todas las tierras conquistadas en este empeño pasarían a formar parte del imperio de los macedonios.
Establecidos los términos de la alianza, una embajada conjunta partió de vuelta a la patria para presentar los términos ante Filipo. No obstante, la nave de los embajadores fue asaltada por la flota romana y el pacto entre Filipo y Aníbal fue descubierto. La Primera Guerra Macedónica (215-205 a.C.) estaba a punto de comenzar.
¡Debemos defender Italia!
En 215 a.C. se cernió sobre Roma el peor de los presagios. Aniquiladas la flor y nata de la sociedad romana el año anterior, con Aníbal campando libremente por Italia y con muchos de los antiguos aliados de la Loba (socii) pasándose al bando cartaginés, la idea de una invasión macedonia helaba la sangre al más curtido de los legionarios. La estrategia de Roma en la primera guerra macedónica, pues, consistió en evitar por todos los medios que Filipo pudiera pasar a Italia, deteniéndolo en Iliria por tierra y destruyendo su flota en los mares Adriático y Jónico.

Esta tarea se encomendó a Marco Valerio Levino, quien debía evitar tanto el paso de las tropas macedonias por el Adriático como la captura de alguna ciudad por parte de Aníbal que permitiera el desembarco de Filipo.
El primer golpe lo dio el rey macedonio, quien asedió la ciudad iliria de Orico por tierra y por mar. Decidido a frenar a Filipo, Marco Valerio embarcó a sus fuerzas y sorprendió a los macedonios en un asalto nocturno. La flota macedonia fue destruida, derrotando a 3000 macedonios y haciendo otros tantos o más prisioneros. El propio Filipo, sorprendido en el asalto, hubo de huir para salvarse.
Batallas de la primera guerra macedónica
Aunque hizo huir a Filipo V, Marco Valerio Levino era consciente de la escasez de recursos con los que contaba para evitar la marcha de los macedonios sobre Italia. Con sólo una legión y 25 quinquerremes, Valerio optó por la diplomacia para dividir las fuerzas macedonias. Acudió a los etolios, a los tracios y al rey de Pérgamo para unirse a la guerra y mantener a raya a Filipo V.
Armada la coalición, los etolios atacaron a los aliados macedonios en Acarnania al tiempo que los bárbaros del norte lanzaban escaramuzas contra las fronteras de Macedonia. Filipo no se quedó inactivo e invadió de nuevo la ciudad de Orico en Iliria para después pasar a Tracia y Dardania y devastar las tierras de los bárbaros. Acto seguido, marchó hacia Acarnania en ayuda de sus aliados. Forzó así la retirada etolia, aunque no evitó que los romanos tomasen algunas islas y ciudades.

En 210 a. C. Sulpicio Galba sustituyó a Valerio Levino en el mando. Al hacerlo, este último informó de que, habiéndose retirado Filipo al interior, tanto la legión como la flota podían volver a Italia. Así pues, la iniciativa de la primera guerra macedónica quedó en manos de los etolios, quienes, pese a la superioridad militar de los macedonios, contuvieron a Filipo. Las acciones de las flotas de Roma y Pérgamo, así como de las incursiones bárbaras, evitaron que Filipo tuviese alguna oportunidad de asistir a Aníbal.
La mal llamada Paz de Fénice
Tras diez años de jugar al gato y el ratón y de haber extendido la guerra a toda Grecia, Asia Menor y los Balcanes, macedonios y romanos se avinieron a poner fin al conflicto a petición de los epirotas. En Fénice, Filipo V y el cónsul Tiberio Sempronio acordaron concluir la Primera Guerra Macedónica con un nuevo reparto de las ciudades que los romanos habían controlado en Ilíria. El acuerdo fue ratificado por los romanos, quienes todavía vivían con angustia la guerra de Aníbal y buscaban con ansia librarse de las atenciones de Grecia.
Así pues, la Primera Guerra Macedónica fue una extensión del esfuerzo bélico romano durante la Segunda Guerra Púnica donde Roma se midió por primera vez a la patria de Alejandro Magno. Si bien se ha tratado este primer conflicto como un asunto menor, la importancia de esta campaña fue fundamental para los romanos, pues la llegada de refuerzos para el ejército de Aníbal habría supuesto un riesgo enorme.
Fue la necesidad de concentrar esfuerzos en la guerra contra Cartago lo que llevó a Roma a aceptar la paz de Fénice del 205 a. C. en unos términos que no solían ser aceptados por los romanos. Por esta razón, la Loba puso rápidamente su mirada en Filipo V una vez derrotó a Cartago en Zama (202 a.C.).

Fuentes primarias
Tito Livio. Ab urbe condita. Libros XXII-XXIX. Traducido por Antonio Duarte Sánchez. Gredos, 2012.
Polibio. Historias. Libros IX-XIII. Traducido por Manuel Balasch Recort. Gredos, 2000.
Bibliografía
Chaniotis, Angelos. La era de las conquistas: el mundo griego de Alejandro a Adriano (336 a.C. – 138 d.C.). Pasado&Presente, 2018.
Grimal, Pierre. El helenismo y el auge de Roma. Siglo Veintiuno, 2002.
Lorenzo Velilla, Arminda. El mundo helenístico. Síntesis, 1993.
Roldán Hervás, José Manuel. El imperialismo romano. Roma y la conquista del Mediterráneo (264-133 a.C.). Síntesis, 1994.
Artículo escrito por Ricardo Núñez, doctorando en historia antigua
Ricardo Núñez es graduado en Historia por la Universitat de València, máster en Historia y Ciencias de la Antigüedad por las universidades Complutense y Autónoma y máster en Educación Secundaria por la UNIR. Es fundador y administrador del perfil de Instagram, YouTube y Facebook “Helenismo y Roma”, un proyecto de divulgación de la historia del mundo helenístico y romano.

