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HISTORIAE

La Monarquía romana: los reyes legendarios

Introducción

A la hora de hablar sobre la historia de la Antigua Roma siempre se nos ha dicho que está compuesta por tres grandes periodos políticos: la monarquía, la república y el imperio. De los casi 1000 años que pasan entre el inicio de la República Romana y el final del Imperio Romano de Occidente sabemos lo suficiente para llenar auténticos ríos de tinta, tal y como se ha hecho en los últimos 200 años, pero… ¿y de la Monarquía Romana? ¿Qué hay de verdad y qué hay de mito en los reyes legendarios de Roma?

Según la tradición, Roma estuvo gobernada por siete reyes durante un periodo de cerca de 250 años, desde la fundación de la ciudad (753 a.C.) hasta la instauración de la República romana (509 a.C.). De estos siete reyes, cuatro serían legendarios (Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio y Anco Marcio) y tres serían históricos (Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio).

Parece obvio que, si tomamos al pie de la letra las cronologías tradicionales, no pudieron existir solo siete reyes en la monarquía romana antigua. Haciendo una sencilla división podemos comprobar que, de media, cada rey habría gobernado cerca de 35 años. Esto delata ya su carácter legendario, puesto que ninguna monarquía moderna conocida ha igualado jamás esa longevidad. De todas formas, independientemente de las personas, vamos a centrarnos ahora en las características de la monarquía romana como institución.

Mapa de las siete colinas de Roma
Mapa de las siete colinas de Roma

Características de la monarquía romana antigua

Desde que los habitantes de las colinas cercanas al río Tíber se organizaron en una única estructura política, necesitaban un hombre que los dirigiera. Atendiendo a las evidencias arqueológicas y las fuentes grecolatinas, está fuera de toda duda que Roma estuvo gobernada por reyes. Sin embargo, establecer un esquema de la monarquía romana (753 – 509 a.C., según la leyenda) es más bien poco probable, ya que nuestras dudas superan a nuestras certezas.

Podemos deducir que al principio el rey de Roma era un líder militar elegido por sus cualidades personales, de forma temporal o permanente. Más adelante, el rey habría asumido funciones religiosas para vincularse a la divinidad, y así consolidar su posición. El rey habría tenido autoridad para convocar al Senado, formado por los jefes de los grupos genticilios y familiares a modo de Consejo Real, y a los Comitia Curiata, una asamblea con la función de proclamar la entronización del rey y ratificar a los magistrados elegidos por él.

El cargo no sería hereditario, sino propuesto por los senadores tras consultar a los dioses. Del mismo modo, la autoridad del rey romano no era absoluta pero sí vitalicia, y debía asegurarse de nombrar en vida a un sucesor.  Si el rey moría sin un sucesor, se ponía en marcha la institución del interregno. Los cabezas de familia patricios (patres) se turnaban en el cargo de interrex durante cinco días cada uno hasta completar un año.

La loba amamantando a Rómulo y Remo, símbolo del origen de la monarquía romana
La loba amamantando a Rómulo y Remo, expuesta en los Museos Capitolinos de Roma

Reyes de la monarquía romana: Rómulo

Según cuenta la tradición, el reinado de Rómulo (753 – 717 a.C.), estuvo marcado por dos famosos episodios, tan mitológicos como la propia existencia del rey: la fundación de un asilo y el rapto de las Sabinas. Después de matar a su hermano Remo, Rómulo fundó su ciudad, pero pronto se dio cuenta de que eran muy pocos los que vivían en ella. Para incrementar su población, declaró que la colina capitolina era un asilo para coger a todo tipo de personas, lo que se tradujo en una emigración de delincuentes y maleantes.

Luego se dieron cuenta de que había muy pocas mujeres en la nueva ciudad, por lo que ejecutaron un plan para secuestrar a las mujeres de la población vecina de los Sabinos y obligarlas a casarse con ellos. El rapto de las Sabinas provocó una guerra contra esta población vecina que acabó con la asociación al trono de su rey, Tito Tacio. Cuando murió éste, Rómulo reinó en solitario en Roma hasta que un rayo lo elevó a los cielos mientras estaba en la colina del Quirinal.

A Rómulo también se le atribuye en la leyenda la creación de las principales formas de organización social y política. Fue él quien creó las instituciones de las tribus, las curias y el Senado y fue él quien dictó las primeras leyes del Derecho romano. Además, fue quien introdujo la pena capital, las insignias reales, la silla cural o la toga praetexta (usada por los menores de edad o los magistrados).

El rapto de las sabinas, de Jacques-Louis David, basada en una de las leyendas de la monarquía romana
El rapto de las sabinas, obra de Jacques-Louis David hecha en 1799

Reyes de la monarquía romana: Numa Pompilio

Según la tradición, Numa Pompilio (716 – 674 a.C.) fue el segundo de los reyes de la monarquía romana. Frente al carácter guerrero de Rómulo, Numa Pompilio personificaba la justicia, la piedad, el respeto hacia los dioses y la compasión. Según autores como Tito Livio o Cicerón, Numa Pompilio tenía ese carácter austero porque descendía de los sabinos, famosos por despreciar la riqueza, practicar un estilo de vida sencillo y tener un profundo sentimiento religioso.

La leyenda le hace responsable de grandes innovaciones en el campo de la religión: la fijación del calendario lunar y de la distinción de los días en fastos y nefastos, la creación de los tres flaminios mayores (Júpiter, Marte y Quirino), la fundación del pontificado como autoridad máxima en cuestiones religiosas, morales y artísticas, el establecimiento de las vírgenes curiales, o la inclusión de los sacerdotes salios de Marte y los sacerdotes del culto de la Bona Fe.

Numa Pompilio recibe de la ninfa Egeria las leyes de Roma (1806) de Felice Giani, obra sobre el segundo rey de la monarquía romana
Numa Pompilio recibe de la ninfa Egeria las leyes de Roma, obra de Felice Giani hecha en 1806

Reyes de la monarquía romana: Tulo Hostilio

El tercero de los reyes de la monarquía romana, Tulo Hostilio (674 – 642 a.C.), representa lo radicalmente opuesto a Numa Pompilio. La leyenda lo presenta como un rey belicoso, que aprovechaba cualquier excusa para hacer una guerra contra sus vecinos, y como un rey impío que abandonó sus obligaciones con los dioses. De hecho, este rasgo fue tan acusado que se contaba que murió directamente por obra de Júpiter, que lo fulminó cuando estaba realizando una serie de sacrificios sin los debidos rituales.

La tradición atribuye a este rey una serie de guerras contra los sabinos y los habitantes de Veyes y Medullia. No obstante, el hecho militar más importante fue la destrucción de Alba Longa, la mítica ciudad donde reinaron los descendientes de Eneas, y por tanto, la familia de Rómulo y Remo. Todo comenzó cuando Roma y Alba Longa se enzarzaron en una guerra que concluyó de una forma peculiar: un combate singular entre dos grupos de trillizos, los Horacios por el bando romano y los Curiacios por el bando albano. Después de que el único superviviente de los Horacios diera la victoria a Roma, regresó triunfalmente a la ciudad, donde asesinó a su hermana por estar prometida a uno de los Curiacios. Después, el rey romano habría juzgado por alta traición al último rey albano, Metio Fufecio, a quien se condenó a morir por despedazamiento.

El juramento de los Horacios, obra de Jacques-Louis David hecha en 1784 basada en una de las leyendas de la monarquía romana
El juramento de los Horacios, obra de Jacques-Louis David hecha en 1784

Reyes de la monarquía romana: Anco Marcio

Según la tradición, el cuarto de los reyes de la monarquía romana, Anco Marcio (641 – 617 a.C.), tenía origen sabino y era nieto por parte de madre de Numa Pompilio, así que se le alaba por su buen gobierno y su próspera gestión económica. Se le atribuye la construcción del puente Sublicio (el primer puente sobre el río Tíber), la extensión del territorio de Roma hasta el mar Tirreno y la fundación de Ostia, en la desembocadura del río. Además, fundó junto a la colina Capitolina la prisión del Tullianum e instaló grandes salinas que le permitieron monopolizar el comercio de la sal.

Al igual que en el caso de su abuelo, a Anco Marcio se le presenta como un rey justo y devoto, respetuoso de los dioses y cumplidor de sus rituales. Se le tenía por sistematizador del derecho pontifical y de las normas que habían manado de la actividad legislativa de Numa Pompilio. Por otro lado, también emprendió numerosas guerras, llegando a conquistar las ciudades latinas de Ficana, Politorium y Tellenae.

Bibliografía

BEARD, M. (2015): S.P.Q.R. Una historia de la antigua Roma. Barcelona: Planeta.

CORNELL, T. (1999): Los orígenes de Roma, c. 1000 – 264 a.C.: Italia y Roma de la edad del bronce a las guerras púnicas. Barcelona: Crítica.

MARTÍNEZ PINNA, J. (1999): Los orígenes de Roma. Madrid: Síntesis.

NOVILLO LÓPEZ, M.A. (2012): Breve historia de Roma. Madrid: Nowtilus.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. (1995): Historia de Roma. Ediciones Universidad de Salamanca.

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La Monarquía romana: los reyes legendarios de la antigua Roma
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La Monarquía romana: los reyes legendarios de la antigua Roma
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Resumen de las características de la monarquía romana, sus reyes y su política: Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio y Anco Marcio
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Comentarios (2)

El nacimiento d un nuevo mundo . Me encanta . Con Roma empezò todo

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Me encanta la historia de Roma. De hecho me he leído varios libros. Me ha impactado sobre todo la historia comprendida entre la República y el imperio

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