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HISTORIAE

Primeras batallas de la Segunda Guerra Púnica

Introducción

La noticia de la llegada del líder cartaginés a Italia sorprendió al cónsul Tiberio Sempronio Longo en el puerto siciliano de Lilibeo a punto de embarcar con su ejército para emprender la acordada invasión del norte de África. A mediados de octubre del 218 a.C., cambió de estrategia y se dirigió hacia el puerto adriático de Arímino (en la actual región de Emilia-Romaña) para iniciar desde ahí la marcha hacia el norte, donde espera unirse a las legiones del cónsul Publio Cornelio Escipión en el valle del río Po. Este había desembarcado previamente en Pisa después del fracaso de su campaña en la Galia meridional para entorpecer el camino de Aníbal. Comienza así una frenética carrera para ganar posiciones con vista a las primeras grandes batallas de la Segunda Guerra Púnica.

Mapa de los dominios romanos y cartagineses, así como de las grandes batallas de la Segunda Guerra Púnica
Mapa de los dominios romanos y cartagineses al empezar la Segunda Guerra Púnica (Campbell, 2013)

Batallas de la Segunda Guerra Púnica: Tesino

En noviembre del 218 a.C., ambos bandos se encontraron a orillas del río Tesino, un afluente a la izquierda del río Po no muy lejos de la actual ciudad de Milán. En los preliminares, Escipión situó los velites (infantería ligera con lanzas arrojadizas) en la vanguardia del ejército, apoyados por los aliados galos, y conservó a la caballería italiana en la reserva. Por su parte, Aníbal Barca formó un núcleo con los jinetes hispanos en orden cerrado y dividió a los númidas en dos grupos, situados detrás de los extremos de su línea de combate.

El gran error de Publio Cornelio Escipión en esta batalla fue infravalorar al enemigo y lanzarse a atacar sin esperar la llegada de las tropas de Tiberio Sempronio Longo. Antes de que los velites se acercaran lo suficiente como para arrojar sus lanzas, la caballería de ambos bandos se lanzó contra la otra en una gran carga, generándose una formidable melé cuando chocaron. Durante algún tiempo, el resultado fue indeciso, pero entonces los jinetes númidas se lanzaron contra los flancos de los romanos y la retaguardia de su caballería, poniéndola en fuga.

Al final, Aníbal y su ejército no solo consiguieron una contundente victoria en la batalla del Tesino, sino que lograron herir al propio cónsul romano, el cual, según algunas fuentes, fue rescatado por su hijo menor de edad, el futuro Publio Cornelio Escipión el Africano. Como consecuencia de su derrota, los romanos se ven obligados a retirarse hacia el sur, dejando vía libre a Aníbal para seguir avanzando.

Esquema de la estructura y formación de la infantería y caballería de una legión manipular
Esquema de la estructura y formación de la infantería y caballería de una legión romana manipular (Fuente: Adrianápolis)

Batallas de la Segunda Guerra Púnica: Trebia

Tras su huida de la batalla, el ejército romano de Escipión acampó en torno al río Trebia, no muy lejos de la actual ciudad de Génova. Dos días después de su establecimiento, el ejército de Aníbal se presentó en el lugar, listo para presentar batalla en la llanura que se extendía frente al campamento romano. Escarmentado de su primer choque con el general púnico, Escipión se resistió a entablar un nuevo combate hasta la llegada de las legiones del cónsul Tiberio Sempronio Longo. En respuesta, Aníbal estableció su propio campamento a solo ocho o diez kilómetros del romano, como acto de intimidación.

A principios de diciembre del 218 a.C., los dos ejércitos consulares se unificaron al fin, pero eso no significó el inicio del conflicto. Un par de semanas después, mientras los cónsules seguían discrepando sobre cuándo y cómo atacar, Aníbal ya había trazado un plan para encarar la superioridad numérica de los romanos. Al amanecer del día de la batalla, envió a la caballería númida a atacar las defensas situadas en el exterior del campamento romano para provocar la salida de las legiones y simular después una retirada desordenada. Longo cayó en la trampa de los púnicos y ordenó a toda su caballería y a 6000 velites la persecución de los númidas, seguida con mayor lentitud por la infantería pesada romana.

Ilustración que recrea la batalla de Trebia, una de las primeras batallas de la Primera Guerra Púnica
Ilustración que recrea la carga de los elefantes (que no podían cargar a tantas personas como se ve) en la batalla de Trebia, en el 218 a.C. (Fuente: Arrecaballo)

Cuando esta última estaba cruzando el río en una posición vulnerable, Aníbal envió a 8000 miembros de la infantería ligera para apoyar a los númidas y formar una pantalla de protección de cara al despliegue del ejército púnico. Solo entonces, el grupo más numeroso de sus fuerzas salió del campamento y formó una línea de combate. Este grupo estaba integrado por la unidad de infantería de 20.000 hombres en el núcleo y los más de 8000 aliados galos, hispanos y libios en el centro. En las alas se encontraba la caballería gala e hispana en orden cerrado, a las que se unieron los númidas en retirada, por lo que cada flanco tenía unos 5000 jinetes. Además, no podemos olvidar a los elefantes, divididos en esta batalla en dos grupos.

En esos instantes, Longo hizo avanzar la caballería y la formó en la unidad principal, aunque no tuvo en cuenta que los hombres y sus caballos estaban cansados y desnutridos después de una mañana infructuosa dedicada a la persecución de los númidas. Por tanto, a pesar de que la infantería disfrutaba de una notable superioridad numérica frente al enemigo, no marcó la diferencia por la inferioridad numérica y militar de la caballería.

La balanza se inclinó hacia el lado púnico cuando Aníbal detuvo su retirada fingida y activó por completo el plan de contraataque. Mientras que los lanceros y honderos reclutados en las Islas Baleares entorpecían la embestida de las legiones, la caballería de Aníbal arrasó con la de los cónsules, dejando vía libre para que chocaran las dos principales líneas de soldados de a pie. Una vez que las alas de la infantería romana se hundieron por el acoso de los púnicos en múltiples frentes, la caballería cartaginesa obligó a las legiones a romper filas y retirarse en desorden. Así, los 10.000 legionarios que sí habían abierto una brecha en las líneas enemigas huyeron cruzando el río otra vez.

Monumento moderno a la batalla de Trebia construido en el lugar en el que tuvo lugar esta primera de las batallas de la Segunda Guerra Púnica
Monumento moderno a la batalla de Trebia construido en el lugar en el que tuvo lugar (Fuente: Arrecaballo)

La fría tregua invernal

Más allá de las altísimas pérdidas humanas, el golpe más duro causado por la derrota romana en estas primeras batallas de la Segunda Guerra Púnica fue en el orgullo, al ver como se mostraba al mundo la vulnerabilidad de las fuerzas armadas de Roma. Por el contrario, Aníbal Barca quedó reforzado como general y como líder dentro y fuera de sus fuerzas. No obstante, durante la inactividad de los meses posteriores, el frío invernal acabaría con la vida de muchos hombres, caballos y la gran mayoría de elefantes.

Ya en el nuevo año, los dirigentes romanos toman medidas inmediatas. De los dos cónsules salientes, Publio Cornelio Escipión es despachado a Hispania para ayudar a su hermano Cneo a potenciar la presencia romana en la península. Asimismo, los dos nuevos cónsules, Cneo Servilio Gémino y Cayo Flaminio, recibieron la misión de ir al norte para enfrentarse a Aníbal. Tanto los cónsules como el general cartaginés eran conscientes del obstáculo natural que suponían los montes Apeninos, por lo que sabían que solo había dos maneras viables de avanzar hacia el interior de Italia. Por este motivo, Gémino fue enviado a Arímino para cubrir la costa oriental al tiempo que Flaminio marchó a Arretium para cubrir los pasos que llevaban a Etruria.

Cneo Cornelio Escipión al frente de la flota romana en Hispania, escenario de batallas de la Segunda Guerra Púnica
Ilustración que recrea a Cneo Cornelio Escipión al frente de la flota romana en Hispania (Fuente: Arrecaballo)

Batallas de la Segunda Guerra Púnica: el lago Trasimeno

En cuanto comenzó la primavera del 217 a.C., el ejército cartaginés abandonó la ciudad en la que había descansado durante el invierno, Bolonia, y se dirigió hacia el sur. Tras cruzar el agreste terreno de la cordillera apenina y llegar al valle del río Arno, siguieron el cauce del río hasta que se ven obligados a atravesar una zona pantanosa. Cabe destacar que a lo largo de este camino Aníbal enferma gravemente y llega a perder la visión de un ojo, lo que no lo disuade de seguir adelante.

Cerca de Arezzo (no muy lejos de la actual Florencia) se reagruparon las legiones de Cayo Flaminio. El objetivo de Aníbal es repetir la jugada de Trebia: forzar al cónsul romano a presentar batalla antes de que este pueda reunirse con su colega consular Gémino, cuyo ejército aún está operando en la costa del Adriático. Un poco más al sur, cuando Aníbal da a entender que quiere marchar hacia Roma, Flaminio lo sigue precipitadamente para interceptarlo, alcanzándolo finalmente a orillas del lago Trasimeno (a menos de 200 kilómetros de Roma).

La batalla del lago Trasimeno (junio del 217 a.C.), se convirtió en otra gran victoria púnica debido a la estrategia de Aníbal: hace que las legiones romanas transiten por un estrecho desfiladero situado entre el lago y unas elevaciones donde esperaban las tropas cartaginesas para cometer una emboscada. Al ver la avalancha de efectivos que se les venía encima, los estupefactos romanos apenas ofrecieron resistencia y quedaron completamente aplastados por el contundente ataque de Aníbal en apenas tres horas de batalla.

Ilustración de la carga de jinetes en una de las grandes batallas de la Segunda Guerra Púnica, en el lago Trasimeno
Ilustración que recrea a un jinete galo del ejército cartaginés cargando contra legionarios romanos en la batalla del Lago Tresimano (Autor: Donato Spedaliere)

Se estima que más de 10.000 soldados romanos, entre ellos el cónsul Flaminio, murieron durante la batalla, y varios miles más fueron esclavizados. No obstante, el ejército cartaginés sufrió la considerable cifra aproximada de 1500-2500 bajas, contadas sobre todo entre los guerreros galos. Cuando llegaron a Roma estas noticias cundió el pánico en la ciudad, puesto que nunca se había producido una derrota tan sonada a tan poca distancia de la metrópolis. Al año siguiente (216 a.C.), serían los cónsules Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón, los que recibirían la misión de infligir una seria derrota a Aníbal en la trascendental batalla de Cannas.

Bibliografía

BARCELÓ, P. (2019): Las guerras púnicas. Madrid: Editorial Síntesis.

CAMPBELL, B. (2013): Historia de Roma. Desde los orígenes hasta la caída del Imperio. Barcelona: Crítica.

GOLDSWORTHY, A. (2002): La caída de Cartago. Las Guerras Púnicas 265 – 146 a.C. Barcelona: Ariel Historia.

MARTÍNEZ PINNA, J.; PEÑA DOMÍNGUEZ, D.: «La ocupación de Italia. Aníbal» en Historia National Geographic nº159, 2017, pp. 70 – 79.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. (2007): Historia de Roma I. La República Romana. Barcelona: Ediciones Cátedra..

Resumen
Batallas de la Segunda Guerra Púnica: Tesino, Trebia y lago Trasimeno
Nombre del artículo
Batallas de la Segunda Guerra Púnica: Tesino, Trebia y lago Trasimeno
Descripción
¿Cuáles fueron las primeras grandes batallas de la Segunda Guerra Púnica? Antes de Cannas, Roma ya fue derrotada en Tesino, Trebia y Trasimeno
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